pero el que recibe nunca debe olvidar
jueves, 26 de octubre de 2017
La verdad no cabe en la mente
miércoles, 25 de octubre de 2017
La muerte
de Iván Ilich
martes, 24 de octubre de 2017
Aprende a flotar sobre tus deseos
Algunos creyeron que la mejor forma de desapegarse era huir. Simeón el Estilita escogió una columna en el desierto para alejarse del mundo. Pero la cueva y el desierto no privaron a san Antonio de las tentaciones. Nos llevamos con nosotros el saco de los deseos a la calle, al monasterio o a las antípodas de nuestro planeta.
Por eso el camino no es escapar, sino flotar como el pato en la superficie de los deseos. Muchas veces la renuncia ascética origina más deseos, los convierte en asignatura pendiente. Y el teóricamente santo se convierte en una persona con genio inaguantable, o la intachable virgen en una histérica a flor de piel.
El día en que te aceptes con tus deseos, sin pretender responder al “superego” (tu personaje, creado por la educación, la cultura), ese día habrás dado el primer paso.
Vivir sin apego es vivir con todo y sin nada, como de viaje por las cosas, mirando su transparencia, su sabor a más, su índole de trasunto, su perfume efímero, su canto de patria lejana que llama a seguir el camino, sin asir nada, sin anclarse definitivamente en nada. Por otra parte, ¿cómo aniquilar los deseos, que son facetas tan apetecibles de la vida? ¿Valdría la pena vivir sin pasión, sin risas ni lágrimas? ¿No sería mejor incluso sufrir y hasta el desengaño, después de haber gozado y tocado con la punta de los dedos la gran ilusión? Ayuda, para nadar en aguas medias, cambiar las adicciones por preferencias.
Sueñas con tener un piso de tales características. Bien, pones los medios para conseguirlo y, dentro de ti, prefieres esa posesión a no tenerla. Pero si la vida o las circunstancias no te lo permiten, entonces te quedas bien porque tú eres mucho más que tu piso. Y tú solo lo preferías. Además sabes que vendrán otros regalos y satisfacciones, porque el chorro de la vida es inagotable.
No se trata de no desear, sino de flotar sobre los deseos.
lunes, 23 de octubre de 2017
domingo, 22 de octubre de 2017
Avanzando a tientas
sábado, 21 de octubre de 2017
VIVIR
viernes, 20 de octubre de 2017
Madurez
jueves, 19 de octubre de 2017
miércoles, 18 de octubre de 2017
Curso de Dinamizadores
Aunque mis años no hayan sido fáciles, la vida me ha dado tanto, y ha puesto en mi camino gente tan maravillosa, que me parece justo y placentero compensar minimamente todo lo recibido, a través del voluntariado.
De ahí la importancia de conocer nuestros miedos, aceptar nuestras limitaciones y seguir trabajando en nuestro crecimiento personal, siendo dinamizadores coherentes, sabiendo comunicarnos tanto verbal como gestualmente, aportando esa cercanía y calidez a nuestras relaciones, evitando prejuicios, trabajando la empatía, desarrollando la capacidad motivadora, creando confianza, fe en el futuro, aprecio a vida, en resumen generando ESPERANZA...
martes, 17 de octubre de 2017
La hora de escribir
lunes, 16 de octubre de 2017
Entrevista a Gregorio Luri
domingo, 15 de octubre de 2017
Por estas mismas fechas
sábado, 14 de octubre de 2017
Cuando me vaya
viernes, 13 de octubre de 2017
Cumplimos diez años en León
jueves, 12 de octubre de 2017
Entrevista a Dennis White, satyananda, monje y maestro de meditación
miércoles, 11 de octubre de 2017
Mirar al sol
martes, 10 de octubre de 2017
Protestar hace daño al cerebro
lunes, 9 de octubre de 2017
Camino de Esperanza
INICIAMOS EL CAMINO DEL SALVADOR
Para el viento, una cometa
domingo, 8 de octubre de 2017
Un chute de optimismo
sábado, 7 de octubre de 2017
Oración... por lo que estamos viviendo
Siendo consciente de que el fuego no puede apagar el fuego, renuncio aquí y ahora a encenderlo.
Siendo consciente de que el odio solo conduce a más odio, renuncio aquí y ahora a alimentarlo.
Siendo consciente de que la hostilidad solo conduce a más hostilidad, renuncio aquí y ahora a justificarla.
Siendo consciente de que el deseo de venganza solo conduce a más deseo de venganza, renuncio aquí y ahora a estimularlo.
Siendo consciente de que la violencia solo engendra violencia, renuncio aquí y ahora a ejercerla sobre otros.
Siendo consciente de que una mancha de sangre no puede limpiar una mancha de sangre, renuncio aquí y ahora a derramarla.
En estos momentos de aflicción, pueda yo permanecer atento y consciente, de manera que la cólera, el odio, el resentimiento, el deseo de venganza, la hostilidad no aniden en mi corazón.
viernes, 6 de octubre de 2017
Nuestro recuerdo
a Ricardo Cantalapiedra
Hace unos días falleció en Madrid el poeta, artista y cantautor leonés RICARDO CANTALAPIEDRA.
Cantalapiedra marcó un hito en este país cuando la democracia era una quimera. Igual cantaba en una misa parroquial que en una asamblea del Partido comunista.
Se manifestaba como una persona libre, libre, siempre libre.
Sus canciones abrieron brecha a la solidaridad y a la ternura, en una época dificil y oscura.
Quien esto escribe siente una pasión singular por este ser humano y sus obras de arte y de bondad.
"Un día por las montañas amaneció un peregrino..."
Hoy ese peregrino encontró la posada anhelada y su voz será nuestra voz y su alma nuestra alma.
Gracias, amigo!!!!!!
Si quieres saber algo más de este hombre pincha aquí
jueves, 5 de octubre de 2017
Sobre las relaciones interpersonales
Las relaciones interpersonales, en todos sus niveles –de vecindad, de parentesco, de amistad, de pareja–, pueden ser fuente de gozo o bien constituir un campo minado de dificultades.
Un elemento fundamental que genera sufrimiento en las relaciones es el “guion” con el que el ego se maneja. Según él, los otros están ahí para complacerme. En consecuencia, resulta inevitable que, cada vez que tal expectativa no se cumple, aparezca la frustración y, con ella, el enfado, la ira o el abatimiento.
Solo podremos salir del sufrimiento abandonando aquella expectativa o creencia errónea, gracias a la comprensión, la cual nos ofrece dos claves decisivas en toda esta cuestión:
Los otros no están para complacerme, sino para ayudarme a aprender.
Los otros –como yo– hacen siempre lo mejor que saben y pueden, por lo que carece de sentido la culpabilización.
¿Qué es lo que necesito aprender a partir de lo vivido en las relaciones?
Tal vez, tres cuestiones básicas:
- Conocerme y aceptarme tal como soy, integrando la sombra que había reprimido, ocultado o negado. En las relaciones se me hace patente que todo aquello que me altera de los otros se encuentra en mí sin aceptar y, con frecuencia, sin ni siquiera conocerlo.
- Crecer en amor incondicional hacia mí. Todos mis enfados y frustraciones que nacen en el campo relacional son, en realidad, expresión de un grito que pide amor. Sin ser consciente de ello, estoy pidiendo a los otros el amor –aprecio, reconocimiento, comprensión…- que yo mismo soy incapaz de darme. El hecho de no recibir lo que espero puede constituir una oportunidad preciosa para desarrollar en mí aquel amor incondicional que reclamo de los otros y que, aun sin darme cuenta de ello, me hace vivir mendigando afecto.
- Crecer en comprensión de mi verdadera identidad. De un modo u otro, todo aprendizaje culmina en este, que me permite contestar adecuadamente a la pregunta primera: ¿quién soy yo? Porque no hallaré luz ni paz hasta que no halle, por experiencia propia, la respuesta adecuada: soy no-separado de los otros. Más allá de las formas diferentes –o “disfraces” en que se expresa– todos compartimos la misma y única identidad; la nuestra es una identidad compartida, Eso que sostiene todas las formas y que en todas se expresa.
miércoles, 4 de octubre de 2017
Un lugar de serenidad
Fotografía Jesús Aguado
Hay unos pececillos minúsculos que se dedican a comerse las piltrafas de carne podrida que los peces más grandes tienen dentro de la boca; porque al buscarse el alimento o pelearse, esos peces mayores se hacen heridas entre los dientes; y si no existieran esas criaturas ínfimas que les mordisquean y les limpian, las infecciones acabarían con ellos.
Para mantenerse pulcros y aseados, pues, cada cierto tiempo esos pescados gordos abren la cabeza y permiten que unos pescadillos que normalmente serían su aperitivo deambulen por el interior de sus fauces durante largo rato, arrancándoles pedacitos de carne y haciéndoles ver previsiblemente las estrellas. Pero el pez grande se aguanta y se comporta, y repite el ritual una vez al mes o cosa así sin dañar jamás al invitado.
Para mí, lo más asombroso de esta asombrosa historia radica en el acuerdo tácito para reconocerse en lo que son. Es decir, el bicho grande sabe que el pequeño no es un bocado nutritivo, sino su dentista. Y el pececillo estomatólogo es capaz de contrarrestar su pánico innato a ser devorado y de introducirse entre los colmillos de un depredador con la rara intuición de que no va a acabar convertido en merienda, sino que, por el contrario, va a poder merendar él tan ricamente de la paciente boca del monstruo caníbal.
Ese acuerdo, tan provechoso para ambos, se basa en el reconocimiento instantáneo del lugar del otro. Siempre me ha fascinado la cristalina y precisa claridad con que los animales se contemplan unos a otros. Tienen una percepción estable e inmediata de lo que el otro es para sus vidas, así como lo que ellos son para el contrario. Y así, las criaturas salvajes disciernen enseguida si lo que tienen enfrente es un depredador o una presa comestible, o la pareja para el apareamiento, o un rival territorial, o un compañero de caza, o el dentista que te va a mordisquear esa carne podridilla de los mofletes. Se miran y se miran mutuamente, y cada uno conoce el lugar respecto al otro. De esa sabiduría nacen las reglas del juego, el equilibro.
Los humanos también somos animales, cosa que olvidamos con excesiva frecuencia; pero somos unos animales tan inteligentes que nos hemos quedado medio tontos. Como especie tenemos unas características inciertas: hemos perdido la llave de la sabiduría instintiva, pero la urgencia de ese confuso instinto sigue creándonos conflictos con la razón. Todo esto se traduce, precisamente, en la pérdida del lugar propio. No sabemos quiénes somos, ni quiénes son los otros, ni cómo relacionarnos mutuamente. Nos corroe el desasosiego de ignorar cómo nos ven los demás y desde qué mirada. Imaginamos que somos unos y deseamos ser otros, y al final de tanta ensoñación, ya no podemos reconocernos. Hay una inquietud básica en el ser humano ante la propia identidad, una inquietud de encierro dentro de un cuerpo equivocado. Tal vez nos desconcierte seguir siendo animales y no saberlo.
A medida que envejezco voy valorando más y más el descubrimiento del propio lugar como medida de la madurez, como conquista fundamental de la sabiduría vital. Ese lugar no es un espacio público, es decir, no tiene que ver con el éxito social. Es un sitio interior, algo así como una ligereza en la asunción de todas las capas de lo que uno es, aquellas que sé nombrar y aquellas para las que no tengo ni tendré nunca palabras. Es ese espacio íntimo desde el que no necesito preguntarme quién soy, ni representarme para los demás. Un lugar de serenidad probablemente inalcanzable desde el que se deben de entender los secretos de la muerte y de la vida.
martes, 3 de octubre de 2017
Estrategias para manipular
lunes, 2 de octubre de 2017
Con amigos
domingo, 1 de octubre de 2017
A ras del suelo







