pero el que recibe nunca debe olvidar
domingo, 31 de diciembre de 2017
Este último día
sábado, 30 de diciembre de 2017
Sonrisa
No estás soloA tu lado camina mucha genteFormas parte del mundoLo que está a tu alrededor también importaPuedes contribuir a hacer un mundo más agradablePuedes poner sonrisa en tus pasosPuedes...¿Quieres?
viernes, 29 de diciembre de 2017
Jornada de biodanza en el Telefono de la Esperanza


jueves, 28 de diciembre de 2017
Amancio Ortega dona al Telefono de Leon el chalet de Ordoño II
miércoles, 27 de diciembre de 2017
Encuentros
con alma

martes, 26 de diciembre de 2017
Mindfulness

Paz
lunes, 25 de diciembre de 2017
domingo, 24 de diciembre de 2017
El mismo mensaje

sábado, 23 de diciembre de 2017
Cuando nada
tiene sentido
viernes, 22 de diciembre de 2017
El miedo
jueves, 21 de diciembre de 2017
No hace mucho.
No muy lejos
miércoles, 20 de diciembre de 2017
Entrevista a
Mercé Boada

Mercè Boada, neuróloga, especializada en demencia y alzheimer
Tengo 69 años biológicos, pero energéticamente tengo la edad que quiero tener. Soy barcelonesa. Estoy casada con mi socio, cofundador de la Fundación ACE. Tengo un hijo, y sumamos ocho nietos. Mi fe política es el respeto a las convicciones ajenas. Creo en el pacto y en la bondad de las personas
La habichuela mágica
Cada vez tengo más claro que la calidez humana y la honestidad son la habichuela mágica que nos da acceso a la creatividad y nos lleva más allá de nosotros mismos, lo otro es medrar, trepar al árbol más alto del bosque sin llegar nunca a tocar la excelencia. Y cada vez conozco a más profesionales que han sabido encontrar esa semilla en su interior, que se esconde lejos del ombligo y se expresa en metas que van más allá de ellos mismos. Así he visto a la cofundadora y directora médica de la Fundación ACE de Barcelona, centro especializado en el diagnóstico, la investigación,el tratamiento y la educación de personas con deterioro cognitivo y demencia, especialmente alzheimer; una entusiasta de la calidez y la humanidad.
Yo busco la felicidad dentro de la infelicidad.
¿Por qué dice eso?
Vivo en un mundo de fracaso, no puedo curar la demencia, pero sí retrasarla, paliar sus síntomas y acompañar en la lucha.
Eligió un campo complejo.
Durante un periodo de mi vida, en los ochenta, me dediqué a los tumores cerebrales cuando el bajo nivel de éxito hacía que pocos médicos se dedicaran a ellos.
Era como trabajar en una funeraria.
Sí, pero tuve cierto éxito, y aprendí mucho de los enfermos crónicos, un campo muy desestimado en el mundo académico y científico. Siempre me interesó el cerebro.
A los veinte años pocos saben de verdad lo que quieren.
Cierto, yo sabía es que me gustaba estar con la gente. Hay un libro muy simple que me ha acompañado toda la vida: El pequeño príncipe.
De simple no tiene nada.
Me impactó la sencillez del elefante dentro de la boa y decidí que mis explicaciones a los pacientes debían ser de esa manera. No entender crea incertidumbre y angustia. Años después el adiós del pequeño príncipe me dio otra lección.
¿Cuando abandona al aviador?
Tú búscate la eternidad donde quieras, le dice, y si me quieres ver estoy ahí, en las estrella. Hay que respetar el momento en el que el paciente debe irse y buscar su final más allá, en ese otro lugar desconocido para todos.
¿Cómo resuelve lo de no curar?
Puedo ayudar de muchas formas: siendo afable, educando en cada visita, formando a mi equipo, y entendiendo que las enfermedades son poliédricas y que lo han de ser las instituciones.
Pionera en terapias complementarias.
Empezamos con la estimulación cognitiva en 1991 y muchos dijeron que sería un fracaso trabajar con personas que lo han perdido todo, pero funcionó, les mejora muchísimo la vida, y ya estamos en proyectos de predicción.
Aplicaron terapias muy novedosas.
Combinamos la farmacología con musicoterapia, reeducación del lenguaje, arte..., pero también poner la mesa, ir a ver museos, preparar la fiesta de Navidad…, en definitiva: vivir.
Si las terapias complementarias son beneficiosas, ¿porque se aplican tan poco?
Son costosas, implican tiempo y personal.
El tiempo se ha vuelto carísimo.
Hay que pensar sobre cómo debería ser la ética gerencial, basada en el rendimiento a corto o a largo plazo. Hoy toda actividad debe tener rédito inmediato, y es más inmediato dar una pastilla que mejorar la cognición con educación.
¿Qué pasa en esta sociedad que lo más valioso que tenemos, el tiempo, debemos pagarlo tan caro?
Pasear con mis nietos o charlar con amigos implica perder bienes gananciales: siempre podrías estar haciendo otra cosa que te rendiría económicamente.
Pensarlo provoca cierta ansiedad.
Esta sociedad da mucho más valor los réditos materiales que a los réditos personales. Y lo que yo he aprendido en mi profesión es que los segundos son mucho más importantes que los primeros, no solo a nivel de satisfacción personal sino también de salud.
Lo sabemos, pero somos arrastrados por la inercia.
El momento que usted y yo estamos viviendo no volverá porque aunque nos volvamos a ver no será lo mismo, por eso debemos ser conscientes de que este tiempo es precioso, no tiene precio, y este es el valor trascendental de las personas.
Vitalmente, ¿qué ha aprendido de la medicina?
A amar la vida por encima de todo… Considero que los médicos deberíamos ser más humildes y aprender a pedir perdón porque nos equivocamos muchísimo; y también deberíamos dar gracias por la confianza que las personas ponen en nosotros.
Es bonito lo que dice.
Esta profesión me ha enseñado a sacarme la bata y ponerme en la piel del paciente. Soy muy consciente de que algún día me sentaré al otro lado y preguntaré: “¿qué me pasa, doctor?”, y espero poder confiar en que me ayudará con ternura a transitar por esta enfermedad tan cruel.
Es usted hija de pescaderos.
Y nieta. En mi familia, grandes emprendedores, había pocos universitarios. Era un matriarcado. Mujeres fuertes y vitales. Independientes. Se valoraba el trabajo, hice un año de Económicas trabajando en la pescadería.
¿Económicas?
Sí, porque fue la primera facultad que abrió por la tarde. Mis buenos resultados consiguieron convencerles de que no era mala idea de que estudiara medicina y dejara la pescadería.
¿Cómo le va a una pescadera en la facultad de Medicina?
Pocos conocían el mundo del trabajo y había pocas mujeres. Me respetaban, decían: “Con Mercedes podemos hablar de todo porque no se enfada si le decimos que no es sexy”. Siempre tuve cintura, antes de que me pudieran dar una patada levantaba la pierna. Aprendí a sortear situaciones difíciles, a saber aceptarlas, digerirlas y poner buena cara.
¿Qué es lo importante en la vida?
Ser honesto, no me gustan las mentiras. La honestidad en la medicina y en la ciencia es vital, porque sin ella no se puede avanzar.
martes, 19 de diciembre de 2017
Hoy
lunes, 18 de diciembre de 2017
Grupo de Inteligencia Emocional

domingo, 17 de diciembre de 2017
En la escuela
A veces me veo de nuevo en la escuela.
Sucede en esos casos en que la realidad me desconcierta y me descoloca, en los que no entiendo lo que pasa y me veo en la obligación de buscar soluciones concretas para salir al paso, porque lo que tengo o lo que hacía hasta el momento ya no sirve. Ni sirve el inmovilismo ni sirven los lamentos.
Han de ser, obviamente, soluciones nuevas para problemas nuevos. Nuevas formas de enfoque. Experimentos con su carga de riesgo para ver qué sale. Entrar de nuevo en el juego de probabilidades de acierto y error.
Entonces me doy cuenta de lo poco que sé (a pesar de las muchas experiencias vividas) de lo mucho que me falta por aprender (a pesar de los años que sumo ya) y del sinfín de recursos que aparecen cuando se buscan.
Y voy a la escuela de la vida otra vez. Y me siento. Y me dejo enseñar. Y aprendo, experimento, observo, siento... Y saco conclusiones. Y tomo decisiones que, tal vez, de otra forma no podrían ser tomadas.
En el fondo –aunque cueste verlo– agradezco estas situaciones rompedoras de paz y tranquilidad, que me despiertan, me vapulean y me hacen crear o explorar otras vías. Es verdad que preferiría aprender sin dolor y darme cuenta de las cosas sin pasar malos tragos, pero no sé si eso es posible.
Detrás de cada acontecimiento hay un aprendizaje. A veces lo vemos y otras no. De ahí que se repitan determinadas situaciones una y otra vez, hasta que caigamos en la cuenta de lo que quieren enseñarnos.
sábado, 16 de diciembre de 2017
¡¡Nieve en León!!
viernes, 15 de diciembre de 2017
Zapatillas
Las velas de San Froilán, en La Virgen del Camino, son una estampa típica de la Romería del 5 de octubre.
El 5 de octubre pasado, festividad de San Froilán, me encontraba atendiendo un puesto de venta de libros en La Virgen del Camino, localidad en la que muchos sabéis se celebra cada año este día una animada y concurrida romería. En un momento dado de la mañana se me acerca un peregrino, extranjero, que me intentaba preguntar algo. Veo enseguida que es sordomudo. Quería saber si podía coger un autobús en dirección a Astorga, algo que hizo con ayuda del teléfono móvil y un poco de mímica. Le contesto que al ser fiesta no sé si pasará y parará algún autobús, mucho menos le puedo indicar horarios. Ante la evidencia de los hechos, el bueno de nuestro peregrino me pidió un favor, que si le podía guardar en mi puesto la pesada mochila mientras él iba a dar una vuelta por la romería para, entre otras cosas, comer algo y reponer fuerzas. Accedí de buena gana a su petición, consciente de que le inspiré la confianza suficiente como para confiarme su equipaje donde, de seguro y a tenor de su peso, llevaba no sólo ropa, sino numerosos recuerdos y algún que otro artículo de valor acumulado desde su partida del periplo jacobeo, quien sabe si desde Roncesvalles o más lejos aún. No profundizamos mucho en la conversación, por motivos evidentes.
Este joven caminante tardó casi dos horas en regresar junto al puesto donde vendía libros sobre la historia del siglo XX en el pueblo de La Virgen del Camino que publiqué recientemente junto a mi amiga Cristina Álvarez. Y lo sorprendente es que, cuando llegó, me hizo entrega, supongo que a modo de agradecimiento por el gesto de guardarle la mochila, de unas flamantes zapatillas de caminar o, como se dice ahora, de tracking. Me advirtió que estaban bien, que no las tirara a la basura, y que si yo no las quería, se las diese a alguien que las necesitase. Uno, que es desconfiado por naturaleza, una vez se despidió nuestro amigo siguiendo camino a pie hacia la tumba del Apóstol, que correspondí con despedida visual/manual, revisé el calzado a pesar del refrán popular que dice que ‘A caballo regalado no le mires el incisivo’. Acertaste, estaban en perfecto estado de revista. Así que, tras pasar por la lavadora, las probé pues parecían, de nuevo casualidades de la vida, que eran de mi mismo número de pie. Efectivamente, me quedaban que ni planchadas.
Pues quieres creer que desde entonces, y ya han pasado más de dos meses, casi no me he calzado otro par… Son unas zapatillas comodísimas. Camino ligero. Pero, sobre todo, me hacen sentir estupendamente por dentro, mentalmente quiero decir. Fue todo un detallazo de parte de un ángel del Camino, un ángel sordomundo a quien recuerdo muy a menudo. Doy un paso, y otro, y otro, y ya llevo recorridos así más de un centenar de kilómetros con las zapatillas que me regaló el peregrino misterioso. Yo me siento muy peregrino con este calzado aunque no camine en dirección a Santiago. Y una lección más: se puede hacer el bien, se puede ayudar a los demás sin ni siquiera despegar los labios. En silencio absoluto. ¡Buen camino!
Asín sea.
jueves, 14 de diciembre de 2017
Vida
miércoles, 13 de diciembre de 2017
Entrevista
a Juan David Nasio, psiquiatra y psicoanalista argentino

El prestigioso psiquiatra y psicoanalista argentino Juan David Nasio, radicado en Francia desde hace casi cincuenta años, traductor al español de los escritos de su maestro Jacques Lacan –con quien se formó–, describe en qué piensa cuando escribe un libro: “En un chico joven de dieciocho años y también pienso en mis maestros”. Así lo expresa en la entrevista con PáginaI12. “Primero hay que tratar de pensar bien y luego lo difícil es escribir lo que uno piensa”, agrega. Nasio acaba de publicar un nuevo libro: ¡Sí, el psicoanálisis cura! (Editorial Paidós), en el que reflexiona sobre los aportes del método empleado en su vasta trayectoria como terapeuta, las condiciones que tienen que darse para la cura –diferenciando la noción de cura tal como se la emplea en la noción binaria enfermo-sano–, cómo debe posicionarse un analista para lograr la eficacia del tratamiento y cómo emplea su inconsciente instrumental, entre otros aspectos nucleares acompañados por los ejemplos de ocho casos clínicos. Nasio presentará su nuevo libro este sábado con una serie de conferencias que durarán toda la jornada.
martes, 12 de diciembre de 2017
Las enseñas
de la naturaleza
lunes, 11 de diciembre de 2017
Grupo de Autoestima
domingo, 10 de diciembre de 2017
En ambiente hostil
Algunas personas nacen en un ambiente hostil, donde la falta de cuidados o los abusos o la ausencia de besos y caricias configuran una infancia triste y descarnada que, sin embargo, no determina que el resto de la vida vaya a ir igual de mal. Ahí tenemos, por ejemplo, al pianista James Rhodes.
Otras personas viven infancias felices, pero en su adolescencia reciben la hostilidad de compañeros, de ambientes, de entornos asfixiantes que les va moldeando un carácter oscuro y complicado. Lo que tampoco determina que su vida se reduzca a eso. Con frecuencia se conocen casos de bullying sufrido por gente más o menos conocida.
En determinados casos, es el entorno laboral lo que se convierte en hostil. Y, así, tras un infancia y adolescencia cómoda, nos damos de bruces con un trabajo esclavizante, mal remunerado, estresante o que nos impide vivir plenamente. No hacen falta ejemplos.
Y, por último, a quien se ha librado de la hostilidad en su vida, puede llegarle la época hostil en la vejez, al verse solo o abandonado por los suyos o enfermo o dependiente o falto de cariño y atención. Ejemplos tampoco cito porque hay bastantes a nuestro alrededor.
En cualquier caso, todos pasamos por épocas hostiles en nuestra vida. Es cierto que unos más que otros, pero en general todos, en menor o mayor medida. Son etapas en las que el dolor y el malestar nos nubla los sentidos y ni vemos ni oímos ni hablamos ni palpamos otra cosa que no sea la desesperanza más acartonada y ácida.
Pero, sabemos o intuimos o queremos agarrarnos a que no existe el determinismo, a que todo pasa, a que la vida es fluir y que, al final, siempre, siempre, siempre hay luz.
sábado, 9 de diciembre de 2017
Miedos
viernes, 8 de diciembre de 2017
Mujeres
Escucha el siguiente video... déjate embeber por él.
jueves, 7 de diciembre de 2017
Otra realidad
de los institutos

