El que da, no debe volver a acordarse;
pero el que recibe nunca debe olvidar
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jueves, 23 de noviembre de 2017

Pon alas a tu mochila

El rincón del psiquiatra
Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra


Recuerdo cuando mis hijos eran pequeños que el camino hacia el “cole” era toda una odisea. Tanto Javier como Cristina portaban sendas mochilas, donde además de los libros, cuadernos y bolígrafos llevaban el bocadillo para el recreo, los últimos cromos, un huevo kínder, pañuelos, goma de borrar, reglas, y un largo etcétera que convertía la mochila en una carga pesada. Era un signo de ser mayor el poder llevar esa pesada carga y “estaba mal visto” que los papás hiciéramos de portadores. La cosa se complicaba cuando Javier o Cristina querían llevar la mochila del otro. Un cierto día, en ese corto pero “largo” camino hacia el “cole”, Cristina encorvada por el peso de su mochila, se para, me mira y dice: “Papá, que bueno sería que la mochila tuviera alas…  “Hoy quiero pensar que también sería bueno que  la “mochila psicológica” que todos llevamos  cumpliera ese deseo: tuviera alas.
Cada ser humano es como mis hijos o esos peregrinos que acuden a la Meca o Santiago de Compostela con su mochila a cuestas: dentro están tanto objetos necesarios como los no tan necesarios, pero también nuestros sufrimientos y alegrías, esperanzas y desesperanzas, odio y amores, fantasías que se han convertido en la guía de nuestras vidas. En ocasiones, también, nos echamos a la espalda las angustias de nuestra pareja, de nuestro hijo o del vecino del quinto, en un intento por ser el salvador del universo. Mas la vida está construida para que cada uno lleve su “mochila” (esta es única e intransferible) lo que no evita que en algún trecho del camino de la vida podamos compartir la pesadez de la misma. Como un buen peregrino el ser humano debe aprender a carga su “mochila psicológica” de aspectos positivos y a descargar todo aquello inútil que lo único que produce es más pesadez.
Proponemos las siguientes acciones para poner “alas a nuestra mochila psicológica”:
1).- Tomar conciencia de las “piedras pesadas” que llenan nuestra mochila. Es necesario, pues, que hagamos un alto en el camino de nuestra vida y seamos capaces de vaciar la mochila y observar qué es lo que más nos hace sufrir o qué nos facilita la felicidad. Debemos conocer nuestras posibilidades y limitaciones reales para poder construir el edificio de nuestra salud mental. Es pues desde el conocimiento de uno mismo desde donde podemos cimentar una vida saludable.
2).- No tener miedo al cambio y aceptar la nueva sensación de una mochila ligera. En ocasiones el cambio no se produce, por el miedo a lo venidero: temor al futuro de una relación, un nuevo trabajo, otro hijo, etc.
En nuestra vida cotidiana nos puede pasar algo parecido: seguimos atados a muchas cosas (relaciones, trabajo, costumbres, concepciones de incapacidad para hacer tal o cual cosa, vivencias infantiles que han marcado nuestra vida  y la han determinado, etc.) y seguimos casi por inercia manteniendo comportamientos que nos hacen sufrir, o al menos no nos dejan ser felices.
4).- No tener ideas preconcebidas sobre el contenido de nuestra mochila: las cosas, las personas o los acontecimientos que nos rodean: es verdad que sufrimos con posibles reacciones de nuestros  compañeros o amigos;  pensamos que nuestros padres nos van echar la bronca por llegar tarde; o que nuestro jefe nos va a penalizar con la carta de despido; o que este turno de trabajo  tan bueno lo vamos a perder con la reestructuración de la empresa dentro de dos años, etc. Luego no se da ni lo uno ni lo otro, pero la amargura y la angustia ya han invadido nuestras mentes. Es una manera de ir cargando nuestra mochila de “futuribles”, que la mayoría de las veces no se producen, pero hinchan de forma exagerada nuestra mochila. Resultado: ansiedad anticipatoria, que es un sufrimiento estéril e inútil.
6).- Llevar una mochila de acuerdo a las posibilidades de cada uno: a veces, en la experiencia clínica, uno se encuentra con el sufrimiento más atroz simplemente por no saber graduar los objetivos. No es cierto que "el límite es el cielo", sino las posibilidades de cada uno. La angustia y el sufrimiento se producen porque no hay concordancia entre las aspiraciones y las propias posibilidades: no haber estudiado una carrera universitaria, no tener un mercedes o simplemente un trabajo de 8 a 3 h.
Los objetivos o metas de cada persona son acicate y estímulo cuando existe una correspondencia entre la meta y los medios; de lo contrario se producirá una fuerte frustración, que provocará malestar y sufrimiento.
7).- Siempre queda la alternativa de pedir ayuda a otro. En este caso sería conveniente la consulta a un familiar, amigo o compañero o incluso a un profesional de la psicología para que nos iluminara el camino, sabiendo que cada uno de nosotros debe llevar su propia mochila, pero sabiendo también que el compartir durante un trecho del camino la mochila pude ser de gran ayuda. De aquí se desprende la importancia del “nosotros” en el proceso de bienestar de cada uno.
Pon alas a tu mochila
El deseo de mi hija Cristina se puede hacer realidad con la “mochila psicológica”: potenciando las fortalezas. Así como no podemos vaciar totalmente la mochila del cole pues es necesario llevar los libros y cuadernos para las clases, sí podemos retirar todo lo superfluo y además dejar que el otro nos ayude o en el último instante llevarla en un carrito que sería el equivalente a las alas, que deseaba Cristina. En la “mochila psicológica” las fortalezas descritas por Seligman pueden ser las alas que faciliten, a pesar de las dificultades y sufrimientos, poder llevar una buena calidad de vida.
martes, 21 de noviembre de 2017

Es difícil decir no

Mario Benedetti


Ya lo sabemos
es difícil
decir que no
decir no quiero

ver que el dinero forma un cerco
alrededor de tu esperanza
sentir que otros
los peores
entran a saco por tu sueño

ya lo sabemos
es difícil
decir que no
decir no quiero

no obstante
cómo desalienta
verte bajar tu esperanza
saberte lejos de ti mismo

oírte
primero despacito
decir que sí
decir sí quiero
comunicarlo luego al mundo
con un orgullo enajenado

y ver que un día
pobre diablo
ya para siempre pordiosero
poquito a poco
abres la mano

y nunca más
puedes cerrarla.
lunes, 20 de noviembre de 2017

Instantes de felicidad

H.T.M.

Las personas hemos nacido para ser felices. No quiero ir contra corriente, ni quiere ser tachado de “iluso”. Estoy hondamente convencido que este mundo tiene sentido porque es posible ser feliz. La felicidad no es alcanzar algo, ni es conseguir a alguien, ni es llenar nuestra despensa. Aunque tenga mucho de todo ello. La felicidad es una actitud ante lo que se nos presenta o ante aquello que estamos buscando. Y una actitud es una forma de vivir. Es posible que conozcamos a alguien que, pase por lo que pase, parece que está en un estado permanente de rabia o de insatisfacción. Seguramente sabemos de otros que, en alguna situación difícil, ha sabido afrontar con verdadera entereza y sabiduría lo que le vino encima. ¿De qué depende? De la actitud que tengamos. La felicidad y la sabiduría van de la mano. No me refiera a la sabiduría intelectual, que también cuenta, me refiero, sobre todo, a ese saber que sale de lo hondo de la persona y que nos acerca a su esencia. Es en esa hondura donde comprendemos qué es la felicidad.
Dicho lo anterior, creo yo que, al menos, todos hemos pasado por momentos felices. ¿Cómo explicarlos? ¿Cómo describirlos? ¿Son coincidentes con los placeres?  Que cada cual conteste y ponga nuevas preguntas. Todo esto lo traigo a cuento de lo que voy a decir a continuación.
El viernes pasado a las siete de la tarde en la sala de conferencias de la Biblioteca Pública de León en la calle Santa Nonia, el Teléfono de la Esperanza nos citó a “escuchar”. Celebraba, celebrábamos el día de la escucha y los organizadores y los asistentes hicieron posible que a lo largo de una hora y pico viviésemos momentos de felicidad.
Pudo ser la voz suave y convencida del la Escribana del reino leyéndonos su relato sobre el arte de escuchar.
Quizás la lectura con voz profunda de la llamada telefónica de quien desprendía inocencia y se reflejaba al mismo tiempo en el voluntario que escuchaba o un simple de talle de todo ese relato.
Para alguien pudo ser la representación teatral de “en esta casa, al menos se habla” y que llevó la sonrisa a nuestros rostros, pero que reflejó una crítica a una constante social: cada cual va a lo suyo, a su tema y qué poco importa lo de los de más. “Ande yo caliente, ríase la gente”.
A lo mejor fueron los poemas, la mayor parte tristes, de Julio, cuando ponía versos a situaciones vividas o a personas que han hecho mella en su vida. Recordar a su madre fue un momento sublime y no porque le saltasen las lágrimas sino porque renació el amor auténtico.
Habrá quien vivió un instante de felicidad en los cuentos de Manuel. Esas historias que, aunque nos hacen reír, descubren nuestras debilidades, pero al mismo tiempo alaban  nuestras grandezas y nos invitan a volar y a escuchar.
No se si alguien vivió a un momento de felicidad cuando Valentín vino a reproducir una llamada de quien se enamoró limpiamente de alguien que simplemente depositó sus ojos en ella. Un amor sincero, de persona a persona, sin manosear, sin intereses por medio, un amor limpio, un amor compartido, un amor sin más. Un amor en el que caben todos los amores.
Qué se yo lo que pudo pasar en la sala, los pensamientos que pudieron surgir o los sentimientos que hicieron latir el corazón. Qué se yo lo que cada uno pudo vivir en ese rato de la tarde. Cada cual podrá ponerle palabras. O a lo mejor no. Porque las palabras se quedan cortas cuando queremos expresar instantes de felicidad.
Lo que sí quiero decir es que el viernes a las siete de la tarde el teléfono de la esperanza me hizo vivir momentos de felicidad. El homenaje a los voluntarios de la escucha me hizo darme cuenta de que los instantes de felicidad dependen de mi actitud ante lo que estoy viviendo, pero ayuda mucho el ambiente en el que me integro. A ello contribuyó el clima que se creó. Por eso, ese rato de la tarde del viernes, lo viví cómo instantes de felicidad.
Gracias a quien participó haciendo posible vivir esos momentos y a todos los que arroparon.
domingo, 19 de noviembre de 2017

El arte de escuchar

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena

Fotografía de Jesús Aguado 

Admiramos a pintores, escultores, arquitectos, poetas, creadores… y todo tipo de artistas, entendiendo por tales aquellos que muestran su talento y realizan, a través de él, obras de arte.

Existe otro arte –muy antiguo pero poco practicado– que es el arte de escuchar.

A través de él conseguimos sacar a la luz maravillas escondidas tras el manto de la vergüenza o de la timidez, tras el tabique del “no sé”, tras la pereza del inmovilismo crónico.

El arte de escuchar consiste en acoger, entender, explorar y reflejar aquello que el escuchado es y dice saber. Es abrir todos los sentidos a la escucha, prestar atención a los detalles mínimos, mirar más allá de lo aparente, enhebrar interioridades y guiar a veces, no siempre, a zonas de más luz.

Para practicar este arte son necesarios tiempo –del que todos andamos escasos- ganas –que tampoco abundan- disponibilidad –cada vez más reducida- silencio –tantas veces evitado- y una cierta preparación para no caer en el puro voluntarismo. Instrumentos, todos ellos, sin los cuales no obtendremos ninguna obra artística. Y, por supuesto, también conlleva un coste de desgaste personal, como la práctica de cualquier otra actividad.

Sin embargo, el resultado del ejercicio del arte de escuchar es tan valioso, tan hermoso, tan fantástico, que merece la pena todo coste y todo esfuerzo. Las obras son únicas e irrepetibles, sin posibilidad de plagio. Parten de una materia prima de buenísima calidad y son cinceladas adecuadamente por el artista de la escucha. Por ello, de este trabajo, sólo pueden brotar fuerza y luz en proporciones similares y a grandes dimensiones.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Sonríe



Ahora en otoño, sonríe
El fin de semana, sonríe
Cada día, sonríe
Harás un mundo más feliz.
Vivirás una vida más completa.
viernes, 17 de noviembre de 2017

Camino del Salvador
De León a La Robla

Javi Fidalgo

Aprendiendo a decir SI.
Aprendiendo a decir NO.

Iniciamos una nueva aventura en este Camino de Santiago y digo nueva porque una vez que hemos recorrido el trayecto desde  Roncesvalles  hasta León, no nos íbamos a quedar aquí y decidimos continuar hacia Oviedo por el camino que llaman de San Salvador. Ya habréis  oído el dicho de que "el peregrino que va a Santiago y no pasa   por San  Salvador,  sirve  al criado y olvida al señor".
Además nos han contado que en este viaje  podemos ser peregrinos privilegiados al poder contemplar las "innumerables" reliquias guardadas y custodiadas en la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo.
Así iniciamos este maravilloso día alrededor de San Marcos, con ilusión, con ganas, con la alegría de reencontrarnos y poder compartir esta nueva etapa. 
La mañana estaba "fresquita" porque la helada de la noche había sido considerable, pero al final de Carbajal aprovechamos a tomar un café calentito y a bailar alguna de nuestras danzas.
Todo el camino va  serpenteando entre encinas y robles a orillas del  río Bernesga, rodeado de  chopos ya casi sin hojas, de las chimeneas de los pueblos ahumando y en un día claro, sin nubes, con unas vistas espectaculares de los pueblos al fondo y los valles... es una bonita estampa del mes de noviembre.
Nos encontramos con restos de algún pueblo que ya no existe, Villalbura, del que solo queda en pie poco más que un edificio y es curioso el "armario botiquín" que nos encontramos allí y que alberga material sanitario, planos y un libro de firmas.
Hemos podido caminar juntos, danzar unidos, hablar, escuchar y escucharnos, reír, observar y fijarnos en pequeños detalles del camino, hasta escribir en el suelo lo que este día nos iba diciendo: "ARMONÍA".
Ha habido un tramo  con continuas subidas, que nos ha costado un poco más... es como el camino de la vida, donde hay momentos que se  pone muy cuesta arriba, que parece que no puedes más y es necesario parar, tomar aire para poder continuar porque esto no es una competición y qué importante es en estos momentos sentir la presencia de esa mano amiga, de ese compañero de camino en quien apoyarte.
A lo largo de este día, reflexionamos y hablamos también sobre el "SI" y el "NO". A qué o a quién decimos o nos gustaría decir SI y a quién  o a qué no somos capaces de decir NO.
Así hemos llegado al final de la etapa, Cascantes. Un bonito pueblo muy cuidado, con una fuente que tenía un agua buenísima y en su plaza decidimos comer nuestros bocadillos para reponer fuerzas. Todavía quedan unas horas de sol y decidimos continuar hasta La Robla, que son unos cinco kilómetros más.
Acabamos este bonito día cansados pero cargados de energía y dando gracias por todo lo que hemos compartido y disfrutado juntos. La vida se compone de estos pequeños detalles, a veces una sonrisa, un abrazo, un beso, una palabra, una mirada o un simple escuchar... un pequeño gesto  es mucho más importante que cualquier regalo porque lo haces con sinceridad y desde el corazón.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Entrevista a Thomas D´Ansembourg

La Vanguardia,  2017
Thomas D’Ansembourg, abogado, psicoterapeuta de la comunicación no violenta.
Tengo 59 años. Nací y vivo en Bruselas. Casado , tenemos tres hijas. Me licencié en Derecho, ejercí 15 años , y después me licencié en Psicología, mi segunda vida. Es urgente que cada ser humano aprenda a saber quién es, qué siente y a gestionar sus frustraciones. La vida es una experiencia espiritual 
Trabajar durante años como voluntario con jóvenes con problemas de drogadicción, violencia y prostitución le cambió profundamente. “Entendí que el primer ser humano que necesitaba mi ayuda era yo. Hice psicoterapia y descubrí hasta qué punto era importante entenderse uno mismo”. Profundizó, estudió y se convirtió en psicoterapeuta, profesor y conferenciante, su tema es el desarrollo personal y la comunicación no violenta. Su primer libro, Deja de ser amable: ¡se auténtico!, un manual práctico para la gente que acudía a sus talleres, se convirtió en un superventas que se tradujo a 28 idiomas. Ahora acaba de publicar con su amigo el historiador y antropólogo David van ReybrouckLa paz se aprende (Arpa)

Usted aboga por un ministerio de la paz.
La paz no es la ausencia de conflictos sino la capacidad de atravesarlos, canalizando y gestionando las posiciones encontradas para hallar una tercera vía.
Hoy eso suena casi ingenuo.
Estamos históricamente preparados para la guerra, tenemos ministros de guerra, ejércitos, cuerpos de élite, medios de entrenamiento, reclutamiento, espionaje, investigaciones científicas y cobertura mediática total.
La guerra se nos da bien, es cierto.
¿Dónde está el personal que se encarga de organizar la formación y los programas de paz?, ¿el apoyo logístico y la cobertura mediática? ¡Imagine que nos enfocáramos en la paz en lugar de en la guerra! La paz se aprende y hay decenas de herramientas para ello, pero requieren voluntad social y política.
A veces las sociedades se parten por la mitad y no quieren entenderse.
La solución es aprender a escuchar. El problema es que ni siquiera sabemos que no sabemos escuchar. Escuchar es cerrar la boca para estar atento a las necesidades del otro y hacer el esfuerzo de desprenderse de capas y capas de ego.
Últimamente los políticos se levantan del hemiciclo y se van si algo no les gusta.
Es un reflejo infantil. Además de aprender a escribir leer y calcular, hay un cuarto pilar en la educación que es la inteligencia emocional.
Engloba mucho.
Sí, comprender quién soy, qué siento, qué me hace feliz, aprender a ser solidario, creativo, a compartir con los demás... Todo eso permite la expansión de uno mismo para estar al servicio de los demás en lugar de proyectar nuestra cólera sobre los demás.
Hay parlamentos que parecen circos.
Son escuelas de lucha y no de paz. Yo hablo de interioridad ciudadana para expresar este vínculo entre lo personal y lo colectivo. La paz no cae del cielo, la paz se aprende, por tanto una persona que ha pasado su vida dando portazos y ofendiéndose lo va a hacer en el hemiciclo.
En el Parlamento británico tumbaron a los político y los pusieron a respirar.
Quisieron saber lo que se experimenta al perseguir la paz interior, y hoy más de 115 parlamentarios y 80 de sus colaboradores se forman en mindfulness. Los beneficios del autoconocimiento están muy comprobados.
Sí, no incidamos.
Aprender a vivir de otra manera el conflicto es posible, y eso permite construir entre todos un sistema en el que las distintas partes se sientan a gusto y ninguna se quiera separar.
¿La paz interior conduce a la paz política?
Imagine que el gobierno decide encontrar los recursos para que cada persona disponga de tres horas semanales para el conocimiento de uno mismo, que es la forma de entender al otro.
Bonita idea.
Imagine que esto no sólo ocurre en los colegios, también en las universidades, en los hospitales, en las administraciones, en las empresas, en todos los servicios públicos... Imagine el efecto que produciría este esfuerzo en la comunidad. Un ciudadano en paz es un ciudadano pacificador. Cada uno de nosotros dispone de un poder de transformación tan esencial como ignorado.
Cuando hay una epidemia el gobierno se asegura de vacunar a toda la población. Tiene dinero para ello, capacidad de organización, personal... ¿Acaso no es urgente expulsar la agresividad de nuestra sociedad?
Hay que alimentar el bienestar en lugar de intentar compensar el malestar.
Eso es algo fundamental. Hoy los psicólogos de Catalunya tienen sus consultas llenas, hay una epidemia de malestar y es urgente que los servicios públicos ofrezcan a la población un kit de supervivencia, es cuestión de salud pública.
Por fin una idea sugerente.
Podríamos soñar que en la televisión en lugar de ver las mismas escenas de violencia repetidas hasta la saciedad, insultos y crispación, tuviéramos la posibilidad de ver un formador que ayudara a la población a hacer este trabajo de conocimiento de uno mismo y de pacificación.
Creo que tendría mucho éxito.
Pero la paz no es una pastilla, no es magia, es jardinería. Trabajar con uno mismo y aprender la paz no es confortable, requiere esfuerzo, pero el beneficio es inmenso.
Ser empático es agotador…
No es necesario compartir todo el dolor ajeno, basta con cultivar una actitud benevolente, es decir reconocer que el otro, como tú, no quiere sufrir y aspira a ser feliz.
Conocerse a uno mismo te lleva una vida.
Porque no conocemos las herramientas y vamos dando tumbos. La sociedad y los gobiernos deben entender que la paz no es un buen propósito ni una declaración de intenciones, requiere tiempo, espacio, práctica y regularidad.
Perdone, ¿qué es la paz?
Un estado de tranquilidad interior que podemos aprender a nutrir y a mantener estable a través de las dificultades.
¿Y el egoísmo meditativo?
No hay paz sin conexión con los demás, es un trabajo psicoespiritual personal que tiene que ver con el desarrollo social sostenible, pero los políticos y los medios de comunicación lo tratan como algo naif, por eso debemos ser activos, pedir cursos de pacificación en las escuelas, universidades, hospitales, centros deportivos...
miércoles, 15 de noviembre de 2017

Anónimo

El rincón del optimista
Juan


Tez blanca, mejillas sonrosadas, unos prominentes bigotes y una enorme sonrisa, esos son los principales rasgos de la máscara que desde hace un tiempo se popularizó a nivel internacional. El origen de esa máscara parece remontarse al siglo XVII (5 de noviembre de 1604), a raíz de una conspiración que buscaba dar muerte al entonces rey Jacobo I de Inglaterra. La noche de Guy Fawkes, también conocida como la Bonfire Night, que se celebra los 5 de noviembre en el Reino Unido y otros países anglosajones, conmemora aquel intento frustrado contra Jacobo I. El rostro de Faukes fue la inspiración para las máscaras, que se popularizaron a partir del nacimiento de la historieta ‘V de Vendetta’ en la década de los 80, gracias al ilustrador David Lloyd y su personaje, un hombre anónimo, un superhéroe que buscaba acabar con el fascismo en el Reino Unido. La máscara cobró un nuevo protagonismo con la película homónima protagonizada por Natalie Portman en 2005. Durante muchos años el rostro de Fawkes se convirtió en un icono de anarquía, y en la actualidad es todo un símbolo que identifica al grupo ‘hacktivista’ Anonymous, pero que se ha extendido además a movimientos de ocupación, protestas antigubernamentales y antisistema en todo el mundo.
A mí las máscaras no me gustan. La foto de arriba la hice un carnaval pasado junto a una conocida entidad bancaria de la Plaza de Santo Domingo, en León. Me gusta ver a la gente disfrazada, sí, pero no tapándose la cara con una máscara, pues lo veo como una excusa para no responsabilizarse de palabras o de actos amparados en el anonimato al tener ocultado el rostro. Me pone nervioso que me hable alguien que me conoce y que yo no puedo identificar por este motivo. Prefiero hablar siempre a la cara de las personas y que los demás me hablen a las claras o, como suele decirse, a pecho descubierto. Y cuando algo se pone de moda, sea lo que sea como en este caso este tipo de máscaras, siempre pienso que alguien, en algún lugar del mundo, se está haciendo millonario a costa de que millones de personas entran en el juego de seguir las modas que otros se encargan de poner en circulación. Eso es la moda.
Y si hay que calificar al anónimo, ya no te digo nada. Hablo del anónimo voluntario, no del paisano, paisana o guaje que sale de casualidad en una foto. El anonimato es la exaltación total de la cobardía; quien tira la piedra y esconde la mano; quien necesita un parapeto para sentirse seguro; quien rompe su timidez anulando la realidad. Te lo cuento, pero no quiero que sepas que soy yo el autor. ¿De qué tienes miedo? ¿De qué te escondes? Da la cara, sal de tu escondite, quítate la máscara, sé valiente, enfréntate a la verdad de las cosas. ¿Tienes algo que perder? Sí, solamente el miedo.
Firmado: Juan, el optimista... yo no me oculto detrás de la máscara.
Asín sea.
martes, 14 de noviembre de 2017

Viajar

Caligrafía de emociones
Jose


Siempre...
me ha gustado viajar por
los paisajes de la lluvia
y robar el final ineludible.
Estoy detenido en un olvido,
y listo para desalojar
a la soledad.

Siempre...
me ha gustado viajar,
por la emoción del regreso
y la tristeza de la partida.
Pero hoy no tengo dudas,
he venido para quedarme,
seguramente hasta el final.
lunes, 13 de noviembre de 2017

Entrevista
a Claudio Naranjo

La Vanguardia, 2017

Claudio Naranjo, médico y doctor en Educación

Tengo 79 años. Nací en Valparaíso (Chile) y vivo viajando. Soy psiquiatra. Estoy viudo y tuve un hijo que falleció. Ojalá los políticos hubiesen sido educados amorosamente. No creo en la competencia entre religiones. Soy divulgador del eneagrama, un mapa de la personalidad

Qué es el eneagrama?

Una herramienta de autoconocimiento, la más completa.

¿En qué consiste?

Es un mapa de las nueve pasiones que conforman tu personalidad: te ayuda a conocerlas, y así identificar cuál de ellas te domina.

¿Cuáles son esas nueve pasiones?

Ira, orgullo, vanidad, envidia, avaricia, cobardía, gula, lujuria y pereza.

Suenan a los pecados capitales.

Los griegos ya enumeraron casi todas esas pasiones, llamadas luego pecados por el cristianismo, y que son a su vez los nueve eneatipos del eneagrama.

¿Y una de esas pasiones me domina?

Siempre hay una dominante sobre las demás: identifica cuál es la tuya, y así podrás trabajarte para equilibrarla con las demás.

¿Con qué fin?

Dejar de actuar reactivamente, con automatismos, como una máquina: ante cada situación serás capaz de actuar con conciencia.

¿Cuál es su pasión dominante?

La avaricia.

¿Sí?

He temido siempre quedarme sin nada: temeroso de la precariedad de mis recursos, me ha costado invertir en mis capacidades, he desconfiado de mí... Y eso me ha dejado en el filo del vivir, una vida por vivir.

¿No ha podido dominar esa avaricia?

Ya sí, pero ha sido difícil. Ya lo dijo Churchill: "El hombre se tropieza con la verdad..., pero se levanta y sigue su camino".

¿De dónde proviene el eneagrama?

De un esoterismo cristiano de Asia Central, que divulgó por Europa una especie de Sócrates ruso de principios del siglo XX, Gurdjieff. Y de él lo aprendió Óscar Ichazo, que me lo enseñó en el desierto de Arica.

¿Cómo fue usted a parar al desierto?

Era 1970, y yo pasaba el peor momento de mi vida... Y me retiré durante seis meses.

¿Qué le había sucedido?

Mi segunda esposa tuvo un accidente de automóvil y murió mi hijo de once años.

Sobreponerse debió de ser duro...

Yo tenía 37 años y me tendía en su camita y pasaba horas y horas llorando. Un día entendí que era llanto por lo que no había podido quererle. Sentí su presencia y dejé de llorar.

¿Y qué aprendió en el desierto?

Yo era médico psiquiatra. Vi que la medicina farmacológica abordaba síntomas, pero no la raíz del problema del paciente: la dejé para ejercer como psicoterapeuta.

¿Es muy malo que mande una pasión?

Lo malo es que en ese caso tu vida será más pequeña, automatizada, dilapidarás energías..., pudiendo vivir más plenamente.

¿Qué automatismo le hizo ser médico?

A los seis años vi la luna llena y le pregunté a mi madre qué era eso. Me dijo que era un cuerpo celeste, como lo eran las estrellas, los planetas..., y me habló de la gravedad... y experimenté un intenso placer ante ese vislumbre de conocimiento... Y ya busqué repetir ese gozo, y eso me llevó a la ciencia.

Pero luego dejó la ciencia.

Cuando sentí que la filosofía y la psicología afrontaban mejor el dolor de la infelicidad.

¿Cuál ha sido su momento más feliz?

A los 20 años tuve una relación erótica con una conocida de 40 años, y sentí tanta alegría... ¡El mundo era bello! Sentí la alegría normal del vivir, y ahí fui consciente de que yo no había estado vivo hasta entonces.

¿Ha llegado a conocerse perfectamente a sí mismo?

En el centro de la cebolla, si vas quitando capas y capas, no hay semilla, ¡no hay nada!

¿Qué significa esto?

Que lo único que hay son los demás. Antes yo me recluía en mi torre de marfil, pero hoy veo los problemas del mundo...

¿Cuáles son?

Todos derivan de una estructura patriarcal profunda, de modo que todos se diluirían si educásemos a los niños de otra manera.

¿Cómo, exactamente?

Integrando intelecto, cuerpo, emociones y espíritu, para ser más amorosos, más libres: más sabios. Pero para eso es decisivo primero que eduquemos a los educadores.

¿Tenemos una educación no amorosa?

Demasiado intelectual, institucional, individualista, patriarcal y poco humanística. Nuestra sociedad sigue siendo machista y depredadora. Ya decía Cicerón: "Cada senador es sabio..., pero el Senado es un idiota".

¿Solución?

Integrar intelecto, amor e instinto, nuestros tres cerebros. Abrazarlos a los tres de verdad: por ahora, el intelecto ha eclipsado el amor y ha demonizado el instinto.

¿Debo dejarme llevar por mi instinto?

Si te arrastra, no eres libre: se trata de aliarte con tu instinto.

¿Qué pasión domina hoy al mundo?

La vanidad. Se expresa en la pulsión por el éxito económico, la supremacía tecnológica, la confusión entre valor y precio...

¿Hacia dónde se encamina el mundo?

Muchos son los llamados..., pero muchos son también los sordos. Hay una pulsión de transformación cierta, pero pasa por encender la luz y ver en tu propia oscuridad.

Y si lograse encenderla, ¿qué veré?

Sabrás que todo es pulsátil, que todo late... Si buscas el yo, acabarás topándote con la ausencia de yo: lo transformador es sentir el ser. Si eso sucede, tendrás días peores o mejores..., pero recordarás el sabor del ser.

¿Un consejo definitivo?

Ocúpate del reino del corazón, y el resto te llegará por añadidura.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Entre el cielo
y el infierno

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena

Fotografía de Ramón Blanco
De pequeña, influenciada por las historias que me contaba mi abuela, creía firmemente que el Cielo y el Infierno eran lugares físicos a los que nos íbamos cuando dejábamos esta vida conocida. El Cielo estaba en el cielo (obvio) y el Infierno allá abajo, en lo más profundo de la tierra, de manera que más de una vez espié las alcantarillas para ver si vislumbraba un atisbo de llama o de luz que demostrara la existencia del temido lugar. Nunca lo vi.
Han pasado los años. Ya no creo en el Cielo y el Infierno como sitios concretos, ni creo en otras muchas cosas.
Pero creo en el cielo, como un estado de felicidad, serenidad y confianza en la vida. Y creo en el infierno, como un estado de rabia, dolor, falta de aceptación, frustración y malestar.
Creo, además, que en la mayor parte de los casos, nosotros mismos elegimos –consciente o inconscientemente– cada estado. O, si no lo elegimos, nos dejamos arrastrar a ellos sin oponer mayor resistencia.
Con los años he llegado a descubrir que el cielo es nuestro estado natural; aquel al que la vida nos conduce si nos dejamos y aceptamos su devenir; si confiamos, si bailamos con ella. Y el infierno, aquel al que nos empeñamos en estar cuando nos regodeamos en nuestras zonas oscuras sin querer abrir huecos de luz y rayos de esperanza; cuando no aceptamos; cuando no vemos ni escuchamos ni experimentamos otra cosa que nuestra propia sombra.
Vivimos entre el cielo y el infierno. Y, a veces, sólo un paso separa un estado del otro.
sábado, 11 de noviembre de 2017

Entrevista
a Howard Gardner



Una mala persona no llega nunca a ser buen profesional
“Una mala persona no llega nunca a ser buen profesional”, afirmó el padre de las inteligencias múltiples, Howard Gardner, en una entrevista concedida al diario español La Vanguardia.
En esta entrevista nos brindó reflexiones muy interesantes y, con ello, nos ofreció la posibilidad de madurar una idea que es el reflejo de una verdad demoledora. Solo las buenas personas pueden llegar a ser excelentes profesionales. Las malas personas, por su parte, no pueden llegar a serlo nunca, aunque es cierto que pueden llegar a alcanzar una gran pericia técnica.
Esto nos lleva a pensar en la posibilidad de categorizar a las personas en buenas o malas. Realmente esta distinción nos parece ficticia, pues los seres humanos no respondemos a una dicotomía, sino que somos una amalgama de cualidades que, por supuesto, podemos entender como buenas o malas.
Cuando ponemos en la balanza la conjunción de esas cualidades, puede que pese más la parte oscura que la brillante; es con eso con lo que precisamente le damos sentido a la frase que encabeza el artículo.
La bondad y el equilibrio, base de un buen profesional
Debe haber un equilibrio entre el compromiso, la ética y la excelencia para llegar a ser un buen profesional. Digamos que para “ser realmente bueno” hay que ponerle alma, emociones, sentimientos y cordura a nuestro trabajo.
En este sentido, este fragmento de la entrevista a Howard Gardner no tiene desperdicio, pues se refleja la gran sensatez que ajusta sus palabras:
-Entrevistador: ¿Por qué hay excelentes profesionales que son malas personas?
-Howard: Descubrimos que no los hay. En realidad, las malas personas no pueden ser profesionales excelentes. No llegan a serlo nunca. Tal vez tengan pericia técnica, pero no son excelentes.
-E: A mí se me ocurren algunas excepciones…
-H: Lo que hemos comprobado es que los mejores profesionales son siempre ECE: excelentes, comprometidos y éticos .
-E: ¿No puedes ser excelente como profesional pero un mal bicho como persona?
-H: No, porque no alcanzas la excelencia si no vas más allá de satisfacer tu ego, tu ambición o tu avaricia. Si no te comprometes, por tanto, con objetivos que van más allá de tus necesidades para servir las de todos. Y eso exige ética.
-E: Para hacerte rico, a menudo estorba.
-H: Pero sin principios éticos puedes llegar a ser rico, sí, o técnicamente bueno, pero no excelente.
-E: Resulta tranquilizador saberlo.
-H: Hoy no tanto, porque también hemos descubierto que los jóvenes aceptan la necesidad de ética, pero no al iniciar la carrera, porque creen que sin dar codazos no triunfarán. Ven la ética como el lujo de quienes ya han logrado el éxito.
La importancia de ser, ante todo, un alma humana
“Conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana”. Estas son palabras del emblemático psicoanalista Carl Gustav Jung, palabras que esconden una certera realidad.
Es importante que antes que profesionales seamos personas, realmente eso es lo que aporta el equilibrio en el desarrollo de nuestras cualidades profesionales. No podemos desligarnos de nosotros mismos; o sea, en cierto modo no podemos disociar nuestra vida interior de nuestra vida profesional.
Hablamos de esencia, de esas cualidades que nos ayudan a no perdernos entre las personas, a conocernos y desconocernos, a transformarnos a través de las lecciones, a tener un corazón hermoso, a mejorarnos cada día y a contemplarnos como un arcoiris de colores.
Porque, además, si algo tenemos que tener presente es que las personas a veces somos blanco, a veces negro y a veces de mil colores. Equilibrando la balanza hacia lo positivo es como lograremos ser más que un buen profesional, también lograremos la excelencia en los distintos ámbitos de nuestra vida.
viernes, 10 de noviembre de 2017

La metáfora
del anzuelo

El rincón del psiquiatra
Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra


“Quien nos ha hecho daño nos ha clavado en un anzuelo que nos atraviesa las entrañas haciéndonos sentir un gran dolor. Queremos darle lo que se merece, tenemos ganas de hacerle sentir lo mismo y meterle a él en el mismo anzuelo, en un acto de justicia, que sufra lo mismo que nosotros. Si nos esforzamos en clavarle a él en el anzuelo, lo haremos teniendo muy presente el daño que nos ha hecho y cómo duele estar en el anzuelo donde él nos ha metido. Mientras lo metemos, o lo intentamos, nos quedaremos dentro del anzuelo. Si consiguiéramos meterle en el anzuelo, lo tendríamos entre nosotros y la punta, por lo que para salir nosotros tendremos que sacarle a él antes”. 
Con esta bella metáfora Steven Hayes nos plantea la necesidad del perdón, incluso por higiene personal. No solamente perdonamos para que el otro se sienta mejor, sino para que nosotros nos sintamos mejor y podamos quitarnos el “anzuelo” del sufrimiento.
El proceso de perdonar
Considero que podemos distinguir cuatro posiciones por las que la víctima se sitúa antes de llegar al perdón y consiguientemente a la sanación:
1).- Reconocer y compartir la ofensa: todos los autores están de acuerdo en afirmar que es catártico poner palabras a la ofensa, real o imaginaria, y poder compartirla con otras personas. De nada sirve “echar tierra encima” y vivir como si nada hubiera ocurrido, pues entonces lo único que se consigue es que la carcoma del odio vaya destruyendo la propia existencia y la relación con el ofensor. Tampoco sirve el afirmar: “no importa”, “no pasa nada”, “que le vamos a hacer, él/ella es así”, son frases que denotan la herida producida por la ofensa, pero que al mismo tiempo no se quiere reconocer. Es cerrar la herida en falso.
Lo correcto es partir del hecho que nos ha molestado la acción del hijo o del amigo (por ejemplo: “eso que has dicho no me ha gustado”; “me ha dolido mucho que no te acordaras de mi cumpleaños”, etc.)
2).- Aceptar la propia cólera, el deseo de venganza, la vergüenza o la culpa. [A1] Es preciso que cada uno de estos sentimientos los podamos etiquetar y reconocer para encontrar su significado más profundo. No podemos entrar en una guerra de reproches contra uno mismo o contra el otro, en un intento por no modificar nuestra primera posición de ofendido, pues esto nos llevaría a un sufrimiento estéril. Sería como intentar sacar agua de una noria que está seca; no por dar muchas vueltas podríamos conseguirla.
3).- Comprender al ofensor. Es uno de los momentos mas difíciles del proceso. Lo que se pretende es que el ofendido “poniéndose en el lugar del otro” intente comprender su conducta, lo que no implica que deba compartir sus acciones.
4).- Encontrar sentido a la ofensa. Es pasar de un “por qué” neurótico y angustioso a un “para qué” creativo, maduro y responsable, que ayude en el proceso de la sanación. Se cambia pues el motivo de la reflexión: ya no importa tanto los motivos que llevaron al ofensor a realizar la acción, sino desde la realidad de la ofensa mirar hacia adelante y saborear lo que hemos conseguido: madurez, apertura al otro, reconocimiento de nuestras debilidades, etc.
De esta forma podemos sacar el anzuelo y recuperar la paz. Es evidente que si no perdonamos, no podemos quitar el anzuelo del sufrimiento, ya que el ofensor estará también pinchado en él. Anthony de Mello  lo dice de otra manera: “Nuestros enemigos no son los que nos odian sino aquellos a los que nosotros odiamos”.
jueves, 9 de noviembre de 2017

No eres un mendigo del amor

Jeff Foster


Todos en tu vida te están amando en este momento, de la mejor manera que pueden.
Sus corazones están tan cerrados o tan abiertos como les es posible ahora mismo.
Todos están enfrentando tristezas, miedos y alegrías que quizás nunca conocerás.
Están buscando amor a su manera.
Cuando tratas de conseguir amor de los demás, realmente importa lo abiertos o cerrados que están sus corazones hoy.
Cuando intentas abrirlos, te pones en guerra con ellos.
Cuando no buscas amor, y en su lugar reconoces al amor como tu propia verdadera naturaleza, sintiendo la fuente de amor en tu propio corazón, eres libre, y la batalla por el amor termina.
Ahora puedes dejar que los demás te amen en su propia y única manera. Sin importar lo “limitado” que pueda parecerle a la mente.
Porque a través de los ojos de la abundancia, incluso el amor limitado es una bendición.
Un corazón abierto es un milagro, sí, pero un corazón cerrado también debe ser honrado.
Así que puedes dejar que los demás te amen en la medida que lo hacen.
Ya no eres un mendigo del amor.
Porque reconoces la verdadera fuente del amor: TÚ.
miércoles, 8 de noviembre de 2017
martes, 7 de noviembre de 2017

¿Para qué sirve meditar?

Alejandro Cervantes


POR QUÉ SIGUES SIENDO UN IMBÉCIL A PESAR DE LA MEDITACIÓN
No te ofendas.
Si te molesta la palabra “imbécil” puedes reemplazarla por “persona cuya identidad gravita alrededor de un sistema neurótico de creencias llamado ego”.
La mayor decepción de nosotros los meditadores modernos es continuar siendo imbéciles a pesar de la práctica de meditación. El nirvana, la trascendencia del ego, la disolución de los miedos, la siempre presente no-dualidad. Todos los productos que te vendieron en el brochure de la meditación tal vez solo los acariciaste por breves momentos para luego volver al terrenal mundo de tus deseos y traumas.
La meditación no es inservible. Si no fuera por ella yo no estaría escribiendo esto y no sería consciente de que un gobierno clandestino comanda mis acciones el 99% de mi vida. A pesar de eso, conviene preguntarnos por qué seguimos gravitando al compás de las mismas acciones y creencias. ¿Por qué seguimos siendo terrenales? ¿Por qué sigues siendo un imbécil a pesar de la meditación?
  1. Porque reconocer que eres un imbécil es el primer signo de que la meditación funciona: El imbécil por lo general es el otro. Gracias a la meditación llegas a darte cuenta de que el imbécil eres tú y que la imbecilidad del mundo es un reflejo de tu propia imbecilidad.
  2. Porque el ego contraataca: El ego interpreta cualquier signo de lucidez como una amenaza a su existencia. Contrarresta fuertemente con una sofisticada ofensiva que te devuelve a tu estado tradicional de imbecilidad.
  3. Porque no te urge dejar de ser imbécil: Consentido por los placeres de la modernidad, te conformas con limosnas de felicidad pasajera basadas en seguridades ilusorias. Revertir décadas de imbecilidad requiere algo más que meditar 30 minutos diarios, pero tu nivel de sufrimiento no es lo suficientemente fuerte como para que te urja trascender.
  4. Porque meditar es sumergirse en tu imbecilidad: Contrario a la creencia popular, la meditación es mirarte al espejo y contemplar tu ego lo más cerca posible, no alejarse de él. Este descenso a los confines de tu fantasía personal traerá consigo la irresistible tentación de enamorarte más de ella…
  5. Porque confundes el fin con el medio: La meditación no es una pastilla que te quita el dolor de cabeza. Es un examen a tu psique para entender lo que provoca el dolor. Mirarla como “pastilla” no acelerará su efecto.
  6. Porque sigues rodeado de imbéciles: Me refiero a personas que no saben que son imbéciles. La ignorancia se contagia. Para perpetuar tu consciencia de ella has de relacionarte más con otras personas que también han descubierto su imbecilidad.
  7. Porque le das cualidades milagrosas a la meditación: En realidad no eres tan imbécil, lo que pasa es que piensas que si meditas mucho vas a tirarte pedos con olor a incienso. ¡No! Un estado meditativo se usa cuando vas al supermercado, cuando te peleas con tu pareja, cuando tienes problemas en la oficina. Meditar es ejercitar el arte de poner atención, no es una píldora milagrosa para tele-transportarte instantáneamente al samadhi.
No subestimes los efectos de largo plazo de la meditación, no te detengas, no medites para iluminarte, medita para ser un mejor imbécil. Un imbécil consciente de su imbecilidad. Ese es el primer paso para el fascinante viaje hacia la trascendencia.
Como dice una muy apreciada amiga del grupo de Facebook: “Sigo siendo imbécil pero voy más relajada”.
lunes, 6 de noviembre de 2017

Actividades primer trimestre 2018

Teléfono de la esperanza de León
Programación del Teléfono de la Esperanza de León para el primer trimestre del año 2018 (enero, febrero  y marzo)
“No estarás sola, 
te saludarán a tu paso en mil idiomas, con mil lenguajes, 
la gente a la que despertaste en cada viaje, 
los que dormían en las calles, 
a los que preguntaste, 
por su esperanza, por su desastre”.
Canción de Ismael Serrano
“Amigo Sancho, corren tiempos negros”, le decía, no con poca sabiduría el hidalgo D. Quijote a su fiel escudero en pleno S. XVII. Trescientos añoso después, el poeta Bertolt Brecht expresaba en su poesía que “en verdad corren malos tiempos para la lírica”. En cada momento de la historia se podrían hacer similares manifestaciones, según pongamos el acento en los claros o en los oscuros. Pero estos son nuestros tiempos. No existen otros.
El Teléfono de la esperanza quiere poner a mal tiempo buena cara, al pesimismo motivos para irradiar fe en nosotros mismos y en nuestras posibilidades, a las cifras amargas del paro solidaridad y comprensión, a todos los enfermos emocionales - ¡que haberlos haylos!-  escucha, ternura y cercanía. Que ningún dolor nos sea ajeno. Que ningún sufrimiento nos ponga de espaldas o nos cierre los oídos. La ilusión, la compasión y la esperanza son estrellas frágiles que solo con la luz de todos y cada uno alumbran y se extienden.
Necesitamos aire fresco y limpio. Personas honestas, sencillas, humanas, solidarias. Es urgente seguir promoviendo espacios para la solidaridad. Las ONGs y sus voluntarios son el lado amable de una sociedad que grita su desesperanza y su abandono. Necesitamos que escampe y como dice el cantautor Luis Guitarra: ¿Quién escucha a quien cuando hay silencio?
El Teléfono de la esperanza, aconfesional y apartidista, nació hace más de 40 años para escuchar,  acompañar,  acoger y para no juzgar. Ser hombro para el dolor y sonrisa en tiempos de luz.
Para esta ingente tarea ponemos todos nuestros recursos al servicio de la salud emocional e interior de nuestros ciudadanos, a través del servicio gratuito y desinteresado de todos nuestros orientadores y coordinadores.



A.- GRUPOS DE DESARROLLO PERSONAL: ¡Quién no necesita  de un mano, de un empujón, de  sentarse, de empujar, de luchar, de reír, de llorar, dse cantar, de amar, de buscar, de sentir, de golpear, de expresar algún perdón, atreverse con un gracias, abrirse a un hola, pararse un instante a analizar lo que está pasando con su vida y lo que quiere que pase! Queremos hacernos protagonistas de nuestra historia. Para este fin son estos grupos:
1º.- AUTOESTIMA. Aprender a quererse, a respetarse, a perdonarse es la primera tarea de todo ser humano. La calidad emocional de nuestras relaciones interpersonales viene determinada por el aprecio que nos tenemos a nosotros mismos. Quien no se ama a si mismo está bloqueado para mantener relaciones sanas. Este grupo, puerta de entrada a toda la formación que ofrece el Teléfono de la esperanza, es una oportunidad para hacer un diagnóstico de nuestro mundo interior y poner en marcha alternativas amables.
Días y horas de realización: martes, a las 5 de la tarde, miércoles, a las 5 de la tarde
2º.- ENCAUZANDO LAS EMOCIONES. No hay emociones positivas y emociones negativas. Unas pueden ser agradables – amor, paz, alegría..- y otras desagradables – tristeza, angustia, culpa, envidia, ira..- pero todas están ahí para informarnos de lo que nos está pasando, todas traen su propia sabiduría. Es necesario reconocerlas, escucharlas, acompañarlas y dejarlas partir. Nada surge en nosotros porque sí. Todo es por algo y para algo. Los sabios son los que saben escuchar la voz de su propio bullicio.
Día y hora de realización: miércoles, a las 5 de la tarde
3º.- RESOLUCION DE CONFLICTOS. La vida está llena de conflictos. A nivel personal: “Estoy en paz con los demás y en guerra conmigo mismo”, decía Antonio Machado. A nivel afectivo. Pareciera que hoy no existen relaciones duraderas, estables. A nivel familiar: “no sé cómo tratar a mis hijos”, confesaba angustiada una madre en esta misma sede del Teléfono. A nivel laboral, social, político… “si aplicamos el ojo por ojo, al final todos tuertos”, le gustaba repetir a Mahatma Gandhi. ¿Cómo afrontar de forma sana, responsable e inteligente los distintos conflictos de la vida?
Día y hora de realización: martes, a las 7 de la tarde
4º.- LAS CLAVES DE LA FELICIDAD. Entre todos hemos creado una sociedad de pícaros, corruptos e infelices. Hemos despreciado valores importantes como la honestidad, la solidaridad, la ternura y la sencillez. Nos hemos olvidado de lo importante para refugiarnos en lo accesorio y construir una sociedad y unas personas de papel de celofán. Este grupo es una oportunidad para desmontar un edificio frío y solitario y transformarlo en acogedor y hermoso. Te ofrecemos un grupo por los martes a las 10 mañana.
5º.-  MINDFULNESS. La clave para practicar mindfulness es la respiración. Es el ancla que me hace volver una y otra vez al presente, al aquí y ahora. Mindfulness  o atención plena es prestar atención de manera intencionada a lo que ocurre con una actitud compasiva. Es prestar atención a lo que estoy haciendo, pensando y sintiendo en el momento en el que esto ocurre. Sin juicio ni crítica. Con actitud amable y curiosa. Aceptando lo que está ocurriendo, tal y como es; respondiendo en lugar de reaccionar de manera automática.  Darse cuenta y observar. Esa es la clave. Te ofrecemos un grupo los miércoles a las 7 de la tarde.
6º.- MEDITACION. Técnicas para aprender a meditar. Meditar es gran instrumento al servicio del ser humano para humanizar la vida y descubrir la interioridad. Pondremos en valor el silencio, la mirada callada y nos daremos cuenta de que debajo de la superficie gris habita un mundo de colores y de luces. La meditación es la oportunidad para descubrir nuestra esencia y llegar a experimentar lo que somos, más allá de lo que creemos ser. Según los últimos estudios científicos bastan 9 semanas de meditación diaria para que se produzcan cambios cerebrales, bioquímicos, emocionales y conductuales. Te ofrecemos un grupo los lunes a las 7 de la tarde a partir del mes de febrero.



B.- TALLERES PARA CRISIS ESPECÍFICAS. Hay situaciones especiales que requieren también un tratamiento especial. Para eso nacieron estos talleres.
7º.- GRUPO ENTRE AMIGOS,  está dirigido a aquellas personas que se sienten solas o incomunicadas y  desean relacionarse e integrarse en grupos de encuentro, diálogo y convivencia. Porque estamos mejor juntos que separados. Una oportunidad para conocer otra gente, hacer otras cosas, divertirse y ampliar horizontes. Te ofrecemos un grupo los jueves a las 7 de la tarde.
8º.- CUIDANDO AL CUIDADOR, porque esta labor de cuidar y acompañar a las personas enfermas o mayores exige tanta dedicación y tiempo, que se hace imprescindible espacios de respiro y de diálogo, para verbalizar malestares y quemazones, para compartir experiencias y sentirse comprendidos  y escuchados. Si tu tarea es cuidar a personas dependientes este curso se ideó pensando en ti. Te ofrecemos un grupo los jueves a las 7 de la tarde, cada quince días.
C.- CURSOS ESPECIFICOS:
9.- Curso de “CONOCERSE PARA CRECER”, por segunda vez aquí en León, una oportunidad única, un tiempo para repensar la propia vida y aprender a llevar las bridas de las propias cuadrigas. “Lo mejor que un ser humano puede hacer es atenderse razonablemente a sí mismo” (Proverbio). “Conócete a ti mismo y conocerás los dioses y el universo entero”, escrito en el templo de Delfos (Grecia), dedicado al dios Apolo.
El coste de este curso se comunicará en su momento.
Jueves y viernes, tardes del 11 y 12 de enero.
Fin de semana intensivo en la localidad de LA VIRGEN DEL CAMINO (LEÓN), durante la tarde del Viernes, sábado 21 completo y Domingo 22 hasta el mediodía, en régimen imprescindible de internado.
SEGUIMIENTOS: 8 sesiones semanales de trabajo grupal en León



D.- OTRAS ACTIVIDADES
10º.- Nueva  etapa del camino de Santiago. Se llevará a cabo en el mes de marzo, de Cascantes a Buiza.
11.- Taller de biodanza. En el mes de enero se organizará una jornada de sábado para esta actividad de forma específica.
12.- Taller de danzas contemplativas. Se llevará a cabo en el primer trimestre del año. Se informará en su momento de dicha actividad.
Metodología: Todos los grupos, cursos y talleres son vivenciales, en lo que lo importante es la experiencia de cada persona.
Plazo de inscripción para todas las actividades: Desde hoy hasta el día 15 de diciembre. Cada persona se apuntará a un solo taller, especificando día y hora de reunión y con carácter supletorio podrá solicitar un segundo grupo por si el primero no se llegara a realizar.
Lugar de inscripción: Sede del Teléfono de la Esperanza, en Avda. Padre Isla nº. 28, 4º izquierda. Por las mañanas o las tardes, de lunes a viernes.
Coste de las actividades: El precio a cada grupo, curso o taller lo pone cada participante de forma responsable según sus posibilidades, salvo los que expresamente vengan determinados. Que nadie sin recursos se quede sin acudir al Teléfono de la Esperanza. Somos una ONG.
Comienzo de las actividades: A partir del 12 de enero de 2018.
Requisitos especiales: Tener ilusión, motivación y ganas de mejorar la propia vida emocional e interior.
Contraindicaciones: Todas las actividades que organiza y empuja el Teléfono de la Esperanza carecen de efectos tóxicos.
Dosis adecuada: Una reunión semanal, de hora y media a dos horas de duración, en un clima de sinceridad, afecto, escucha y cercanía.
Esta convocatoria pueda ser impresa, grabada, transmitida y recomendada sin vulnerar ley ni reglamento público o privado.

Finalizamos con la canción de Ismael Serrano:
“No estarás sola, 
siempre habrá quien te ayude a hacer las mudanzas, 
quien te regale manos, flores, presencias, sin pedir nada. 
Y allí estaré para amarte, 
y aunque no esté, 
allí estaré para amarte”.
domingo, 5 de noviembre de 2017

Sin despedida

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena


Mientras escribía sobre un nuevo nacimiento me llegó la noticia del fallecimiento de una persona –cercana en otro tiempo– a la que hacía años que no veía.
Cuando me enteré de su estado terminal era demasiado tarde para despedirme. Ya no conocía ni recibía visitas ni estaba para nadie. Así que, aunque lo intenté, no pude decirle adiós, ni darle un último beso.
Son bastantes seres queridos los que se van de nuestra vida sin despedida. A veces, por la prisa que envuelve todas nuestras actividades y que no deja tiempo para visitas dolorosas; otras, por falta de noticias; en ocasiones, porque no acabamos de creer que se vayan definitivamente y pensamos que aún tendremos tiempo para el último adiós; y otras veces, por el miedo atroz que nos da mirar la cara de la muerte.
En las películas nos queda el consuelo de que las muertes son irreales, de que todo es mentira. En la vida real, no hay consuelo ante la muerte certera de un ser querido, al que nunca vamos a volver a ver y con el que nunca vamos a encontrarnos de nuevo.
Tras estas idas sin despedida me queda el regusto amargo de la mirada que no tuvo de mi parte, la palabra que no pudo escuchar y la caricia que le negué. No es culpabilidad lo que siento, sino orfandad. Vacío y pena.
Imagino que en esos momentos bastante le importa al que se va si vamos a despedirnos de él o no. Pero yo no lo hago por él. Lo hago por mí. Porque necesito decir adiós y cerrar círculos, rematando los últimos hilos que quedan por tejer.
sábado, 4 de noviembre de 2017

Para los jóvenes...
y para los viejos




Un viejo doctor estaba muy aburrido luego de haberse jubilado así que decidió abrir un nuevo centro de Diagnostico. Puso un letrero afuera que decía:
“Doctor Vejete. Obtenga su tratamiento por 500 dólares y si no se cura recibirá 1000...Justo en el barrio estaba un joven médico que creía que podía divertirse y hasta ganar alguito a costas de este “Médico vejete” así que decidió ir a visitarlo y ganarse los 1000 dólares de recompensa.
Entonces esto sucedió:
Medico Joven: “Doctor Vejete, he perdido totalmente el gusto de mi boca. ¿Me podría ayudar?”.
Doctor Vejete:“Enfermera, por favor traiga la medicina de la caja 22 y le da tres gotitas en la boca al señor”.
El Médico Joven: “¡Puaj! ¡esto es gasolina!”.
Doctor Vejete:“¡Felicitaciones! Usted ha recuperado el gusto. Vengan 500 dólares”.
El Medico Joven se retiró muy enojado por el truco de su anciano colega y decidió volver un par de días después para recuperar su dinero.
El Médico Joven dice: “He perdido mi memoria. No recuerdo nada”.
Doctor Vejete:“Enfermera, por favor traiga la medicina de la caja 22 y le da tres gotitas en la boca del paciente”.
El Médico Joven: “¡Bah! ¡No lo haga! Eso es gasolina”.
Doctor Vejete:“¡Felicitaciones! Veo que ha recuperado su memoria. Vengan 500 dólares por favor”.
Nuevamente El Médico Joven se va muy enfadado de la consulta del Doctor Vejete habiendo perdido mil dólares. Pero era tan terco que decidió volver una semana después para recuperar todo su dinero.
El Médico Joven dice:“Mi vista se ha tornado muy débil. ¡Con suerte puedo ver un poco!”
Doctor Vejete “Lo siento, pero para eso no tengo ninguna medicina. Así que aquí tiene sus 1000 dólares de vuelta (y le entrega un billete de 10 dólares).
El Médico Joven: “¡Pero esto es solo 10 dólares!”
Doctor Vejete dice :“¡Felicitaciones! Ha recuperado su vista. Vengan 500 dólares”.
Moraleja de la historia: los viejos de tontos solo tienen la cara y la forma de caminar.
Ya lo dice el refrán: sabe el diablo más por viejo que por diablo.
viernes, 3 de noviembre de 2017

La muerte es la maestra de la vida. Frank Ostaseski

La Vanguardia, 2017

Frank Ostaseski, acompaña a personas enfermas en su trance de muerte
Tengo 66 años. Nací en Nueva York y vivo en California. Soy maestro de meditación zen, dedicado a los cuidados paliativos desde hace 35 años. Estoy casado y tengo cuatro hijos y una nieta. ¿Política? Confío en el ser humano. Soy budista.
Frank Ostaseski es un hombre alto, de rostro sereno y una mirada azul que se inunda de lágrimas cada vez que recuerda a los enfermos que ha acompañado hasta el final de sus vidas. Cofundó el Zen Hospice Project, el primer centro budista especializado en cuidados paliativos en Estados Unidos, y después el Metta Institute. Hoy forma a médicos y enfermeros en la clínica Mayo, y también a familias en centros de espiritualidad budista. Por eso el Dalái Lama le honró en el año 2001. Ostaseski propone transmutar el miedo a la muerte en pasión por la vida, enseñanza que expone en su libro Las cinco invitaciones (Océano), y también en su portal www.fiveinvitations.com.
¿A cuántos moribundos ha ayudado en su muerte?
A más de un millar en estos últimos 35 años.
¿Es una vocación?
Yo tenía 17 años y mi madre falleció. Un par de años después, murió mi padre. De enfermedad. Lo pasé muy mal, pero aquel dolor se convirtió en un regalo.
¿Qué regalo?
Quise acercarme a la muerte, ayudar al que muere. Y lo hice, y sigo haciéndolo, y esto me depara la plenitud en la que vivo.
Muerte y plenitud... Contradictorio.
¿A cuántos moribundos ha ayudado en su muerte?
A más de un millar en estos últimos 35 años.
¿Es una vocación?
Yo tenía 17 años y mi madre falleció. Un par de años después, murió mi padre. De enfermedad. Lo pasé muy mal, pero aquel dolor se convirtió en un regalo.
¿Qué regalo?
Quise acercarme a la muerte, ayudar al que muere. Y lo hice, y sigo haciéndolo, y esto me depara la plenitud en la que vivo.
Muerte y plenitud... Contradictorio.
Es lo más congruente del mundo. ¡La muerte es maestra! Nada enseña más que la muerte. Los enfermos terminales a los que acompañé me enseñaron cómo ayudar a otros.
¿Cómo se acercó a los enfermos?
Con el corazón, con presencia, escucha, afecto. A mis veintipocos años descubrí el budismo zen y la meditación... Y sentí que aquello podía ser útil para ayudar.
¿Qué aprendió del budismo zen?
La compasión: todos sentimos el deseo profundo de liberarnos del sufrimiento, y todos podemos escucharlo y aprovecharlo para no convertirnos en sus víctimas.
La morfina también ayuda.
Contra el dolor físico. Pero... ¿y contra el sufrimiento psíquico, emocional, espiritual?
¿Cuál es el consejo de oro?
Lo imparto a médicos: “Si acompañas a un moribundo, no hables tú: ¡escúchale a él! Y cuando sientas que conviene, tócale”.
Cuénteme una muerte vivida.
Rick, enfermo ya terminal de sida, padeció una hemiplejia días antes. A Steven, otro enfermo terminal que yo cuidaba, le propuse: “¿Vamos juntos a despedirle?”. Fuimos a la habitación de Rick, y lo que vi entonces fue...
...
... Yo me quedé en un rincón. Steven y Rick se miraban, sin decirse nada. Se miraban a los ojos, así durante veinte minutos largos...
Se emociona...
...entonces...Rick asintió levemente con la cabeza. Steven dijo: “Fue hermoso”. Y nos despedimos. Rick murió aquella noche. Steven murió pocos días después, con serenidad: lo entendió todo en los ojos de Rick.
¿Qué hay que entender, Frank?
Que dejar tu vida aparcada y querer recuperarla en el último momento ¡es ridículo! La muerte te sugiere cómo vivir una vida plena.
¿Cómo es una vida plena?
Respóndete tú mismo: imagínate en tu lecho de muerte: ¿qué querrás en ese instante? ¿Que haya un Porsche en tu garaje, quizá?
Nunca está de más.
No, créeme: ¡querrás sentir que eres amado y que has amado bien! Dos preguntas vendrán: ¿soy amado?,¿he amado bien?
Le creo.
La muerte es maestra y enseña esto, hazle caso desde ahora mismo: ¡cultiva el amor!
¿Qué más me enseña la muerte?
Que todo es cambio, que todo muta incesantemente: ¡si te resistes al cambio, sufrirás!
El mayor cambio, está claro, es morirse.
Por eso batallar contra la realidad...es perder siempre. ¡La realidad siempre gana!
Qué putada, ¿no?
No. ¿Por qué te gusta más una flor de cerezo que una de plástico? ¡Porque es fugaz! La belleza es perecedera. Si fuésemos inmortales, la vida perdería mucha parte de gracia. Por eso la muerte hace preciosa a la vida.
Buen intento.
La muerte te envía cinco invitaciones para vivir plenamente, para bien vivir. ¿Aceptas?
¿A ver?
La primera invitación: “No esperes”. ¡Preséntate ya en tu propia vida! La segunda: “Acepta todo, no rechaces nada”. No significa que todo te guste, sólo que lo confrontes todo, que no rehúyas nada, míralo todo de frente, cara a cara, apréstate a descubrir lo que llegue, sea lo que sea, a asombrarte.
Tercera.
“Pon todo tu ser en la experiencia”. Atendí a un amigo enfermo de sida, sin movilidad, sin habla, con diarreas: le llevaba del retrete a la bañera todo el rato. Esa madrugada yo estaba agotado... Y entonces noté que quería susurrarme algo. Me acerqué a él, y me dijo: “Te estás esforzando demasiado”.
Toma.
La pesadilla se disipó. Yo había querido ser el fuerte, el Superman, y rompí a llorar a su lado, en el váter. ¡Entonces sí estuvimos de verdad juntos, de corazón a corazón, como él me necesitaba! Ahí empecé a ser útil.
Quedan dos invitaciones...
“Busca un lugar de reposo en medio de la agitación”. Una anciana moribunda, sentada al borde la cama, sentía asfixia, estaba muy angustiada, y muy arisca. “¿Tiene frío?”, preguntaba la enfermera, solícita. “¿Frío? ¡Estoy casi muerta!”, replicaba ella, cabreadísima. Le pedí que se fijase en ese momentito al final de cada exhalación de aire. Lo hizo. Se apaciguó. El miedo desapareció de su rostro. Había hallado un lugar de reposo. Veinte minutos después, moría, sosegada.
¿Y la quinta?
“Cultiva el no saber”. ¡No es ignorancia! Ignorancia es empecinarte en un saber erróneo. Pero el no saber consiste en abrirte a explorar, en abrir tu mente al asombro. ¡Hazlo! ¡Ya! Así como vivas, así morirás.
jueves, 2 de noviembre de 2017

Mariposas


Hoy, queremos recordar a todos los que se han ido.
Están en nosotros. Los recordamos con esta canción.

 
miércoles, 1 de noviembre de 2017

Una ovación sorda

El rincón del optimista
Juan


Soy vocal de la Junta Vecinal de mi pueblo y responsable voluntario del mantenimiento del santo cementerio. Hace unos días, domingo por la tarde, me acerqué al camposanto para limpiar el suelo de hierbajos, pues aunque se puso hace poco tiempo una malla para que no saliera hierba y se echó piedra encima, lo cierto es que sigue saliendo bastante vegetación entre tumbas, panteones y pasillos. Estuve más de una hora armado de azada y guantes trabajando, agachado, cavando y sacando hierba al contenedor de fuera. Sudé de lo lindo. Había que dejar el recinto adecuadamente visible para las muchas visitas que va a recibir de familiares de los fallecidos que allí reposan estos días de Todos los Santos y de Difuntos.
Confieso que fue una sensación muy agradable la que sentí ese rato. No me sentí incómodo en ningún momento. Muy al contrario, estuve feliz. Silbé, canté y creí escuchar algún que otro comentario, todos ellos buenos. Allí están los restos de mi madre y de mis abuelos. Con ellos mantuve conversación personal agradable. Y a medida que iba avanzando y cavando entre los panteones levantaba la vista a ver quién estaba enterrado allí. Para todos tuve un tiempo pequeño de recuerdo a modo de anecdotario. Me acordé del cementerio viejo que se ‘mondó’ (vaya término) en la década de los 90 para trasladar los restos al nuevo. Me sentí fenomenal entre tanto muerto, calculé que más de 100 repartidos en las 47 tumbas de este pequeño ‘corralín’.
Cuando estaba a punto de irme y justo al sacar la foto que ves aquí arriba, escuché en mi interior unos aplausos, una ovación sorda, de todos los muertos de mi pueblo que me agradecían el esfuerzo que les dejó la ‘casa’ tan limpia. Y seguí cantando mientras cerraba la puerta y bajaba la cuesta que separa el cementerio del pueblo. Me acordé de la letra de esa canción del grupo Mecano que decía así: ‘Los muertos aquí lo pasamos muy bien, entre flores de colores; y los viernes y tal, si en la fosa no hay plan, nos vestimos y salimos, para dar una vuelta sin pasar de la puerta, eso sí, que los muertos aquí es donde tienen que estar…. y el cielo por mí se puede esperar’.
Asín sea.