El que da, no debe volver a acordarse;
pero el que recibe nunca debe olvidar
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lunes, 2 de julio de 2018

Dos consejos

El rincón del optimista
Juan


Hace ahora diez años, me llegan aún recuerdos bastante nítidos, pasé una temporadina algo pachucho. Fue de esas veces que el cuerpo te manda parar por acumulación de cansancio (físico y mental), estrés, ansiedad… vamos, agotamiento en definitiva y, claro, poco menos que exploté. Además de visitar a los médicos especialistas de turno y de tomar unas dosis de química en las grajeas te suelen recetar los facultativos, sea cual sea, de lo que más me acuerdo es de unas breves palabras que me dijo uno de mis cuñados (y eso que los cuñados tienen mala fama, sobre todo de pesados, igual que las suegras, porque son los que te tocan, no los eliges tú). A este cuñado, de nombre Pedro, le tengo en alta estima porque le considero una persona cabal, íntegra, justa y bastante coherente. Cuando supo lo que me ocurría me dio dos consejos que ni olvido ni olvidaré y que traté de poner en práctica al pie de la letra: “Juan: lo que tienes que hacer ahora es descansar y apoyarte en la familia”.
Qué dos consejos, qué importante me parecieron. Dormir bien y lo suficiente no es sólo crucial para poder funcionar durante el día, sino que en el caso de ‘colapso’ o enfermedad, es algo muy sanatorio. ¿A que sí? Y así hice. Descansé de noche, dormí siestecitas, paseé por el campo, pasé a solas algún rato, escuché música relajante, hice algo de deporte y hasta me permití el lujo de no hacer nada. Bueno, nada de nada, no, pero casi. Tuve restringido el teléfono móvil por prescripción facultativa, cosa que me vino estupendamente para poder ‘desconectar’ de esta vida de puro frenesí, cuya velocidad nos arrastra casi sin darnos cuenta.
Pero en el tema de la familia confieso que no había reparado. Así que me centré en ver uno a uno a mis hermanos, a los primos, resto de cuñados y me sinceré con ellos. Fueron unas semanas de breves entrevistas de cerca en los que sentía la necesidad de decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Casi me obsesioné con la verdad y con la mentira hasta que llegué al convencimiento de que decir toda la verdad hiere, que la mentira ‘piadosa’ es muchas veces necesaria y que como decía el televisivo doctor Hause, “todo el mundo miente”. Volviendo a lo de la familia, que me desnorto. Efectivamente me apoyé en los más cercanos tal y como me había pedido el bueno de Pedro, incluyéndole a él, claro. Y me vino fenomenal. Me di realmente cuenta de lo importante que es la familia para mí, lo que acoge, lo que reconforta, como para casi todos nosotros, supongo.
En definitiva, que con descanso y con ayuda de la familia se puede sanar de una enfermedad y, mejor aún, te puede prevenir de contraer otras dolencias, tanto del cuerpo como del alma, que bien sabes que ambas están directamente relacionadas. Estos dos consejos que hoy comparto ya son universales.
Asín sea.

Tenemos 1 comentario , introduce el tuyo:

  1. Te felicito Juan. Primero: por darte cuenta de tú situación, ocuparte de resolverla y escuchar.
    Que ante situaciones que se te presenten dolorosas en tú vida, que siempre sientas el apoyo de tu familia. Pepi

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