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martes, 18 de septiembre de 2018

Los “otros” refugiados

El rincón del psiquiatra
Alejandro Rocamora Bonilla

La Convención de Ginebra de 1951 señaló  que “refugiado es toda persona que es perseguido por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social, ideas políticas y que se encuentra fuera de su país”. Esto es cierto, pero también existen “otras” personas que se sienten “perseguidas” en su propio país, familia o grupo social, Veámoslo.
Los “otros” refugiados
Existen “otros” refugiados, que sin designarse así y vivir en el mismo país, ser de la misma raza,  practicar la misma religión, incluso tener las mismas ideas políticas, se encuentran, si no perseguidos, si al menos en un proceso de exclusión. Entre ellos podemos señalar a varios colectivos: las personas que padecen una enfermedad mental, los que pertenecen a otro grupo social (ej. los gitanos), los que sufren una drogadicción, los que viven una orientación sexual diferente, los que son de otra raza, etc.  Todos ellos pueden ser los grandes excluidos de un mundo laboral satisfactorio e incluso “condenados” por los más próximos (familiares, compañeros de trabajo, vecinos, etc.). Es decir, “los otros” refugiados pueden ser rechazados porque son diferentes, en cuanto a su nivel de salud mental, orientación sexual, el color de su piel, etc. 
Entre otras razones, esto es así porque vivimos en una sociedad que tiende a la uniformidad (en el vestir, en el comportamiento, en el deporte que se practica, etc.) y por esto uno de los motores de la convivencia es la moda. “Lo diferente” siempre produce un cierto temor y una actitud de alerta ante el posible peligro. Pero es evidente, que existe el ladrón con corbata y el gitano que es una persona honrada y respetuosa con lo ajeno, por poner solamente un ejemplo.
Todos somos hijos únicos    
La realidad es que  todos somos diferentes aunque vivamos en el mismo país, pertenezcamos a la misma familia, hayamos acudido a la misma escuela, practiquemos la misma religión o estemos afiliados al mismo partido político. Y esto es así, por la sencilla razón que el ser humano es único e irrepetible, incluso a nivel biológico (recordemos que nuestra huella dactilar es irrepetible).
A este respecto recuerdo una pequeña anécdota. Hace unos meses asistí a una conferencia del Dr. Jerónimo Acevedo, Presidente  del Centro Viktor Frankl (Buenos Aires). En un momento de su intervención, ante unas cien personas, preguntó: ¿Cuántos de Vds. son hijos únicos?  Solamente levantaron las manos cinco o seis personas. Naturalmente, yo que tengo dos hermanos no hice ningún movimiento. El conferenciante concluyó: “Considero que no habéis contestado la verdad…pues todos somos únicos e irrepetibles. Por lo tanto, somos  hermanos únicos, padres únicos, novios/as únicas… todos somos hijos únicos”. Pienso que el Dr. Jerónimo Acevedo tenía razón.
En esta misma línea, Viktor Frankl., padre de la logoterapia y que estuvo varios años en campos de concentración nazis, nos dice que la persona es una unidad y lo que hace que sea única es su dimensión espiritual (libertad, responsabilidad, valores, etc.) y por esto mismo, todo ser humano debe ser respetado, a pesar incluso de su conducta, raza, religión, etc... El enfermo mental, el anciano con Alzheimer, el drogodependiente, etc.  son dignos de respeto y atención precisamente por su dimensión espiritual, que puede estar reprimida, pero nunca puede ser destruida. Por esto, ante estos “otros” refugiados se precisa también la solidaridad, que parte del principio que toda persona tiene derecho a ser respetada y cuidada.

Tenemos 1 comentario , introduce el tuyo:

  1. " se precisa también la solidaridad, que parte del principio que toda persona tiene derecho a ser respetada y cuidada". eSTA DICHO TODO

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