El que da, no debe volver a acordarse;
pero el que recibe nunca debe olvidar
Blog
jueves, 9 de mayo de 2019

Apuntes para una psicología del político

El rincón del psiquiatra
Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra

Fotografía tomada de elpais.es

En cada profesión existen diferentes formas de ejercerla, y también está en relación con la personalidad del sujeto. En política, simplificando, podemos afirmar que los diferentes estilos de la acción política son: paranoide, narcisista, histérico y psicopático.

Es evidente que posiblemente no encontremos ningún político con uno de esos estilos en estado puro,  sino mas bien una mezcla de los mismos, pero con un predomino de alguno de ellos:

Estilo paranoide:

El paranoico está solo ante el mundo y ante el universo: él es el poseedor de la verdad, su verdad. El paranoico que da la sensación de seguridad y poder, es un ser indefenso, que se encuentra atacado por todas partes. Se defiende porque se siente débil; juega a ser el duro de la película pero en realidad es el más frágil, de tal manera que cualquier acción, mirada, palabra, o gesto, lo puede romper. El paranoico parte de una premisa falsa (que él considera verdadera) y comienza a construir su castillo de sus verdades a partir de ahí.

La persona paranoica nunca reconoce su error sino que siempre lo refiere a otro: “los demás son los responsables de mis desgracia”, es el mensaje que transmite. Así, si está enfermo es por culpa de los médicos que no saben curarle; si la familia no funciona bien es porque la pareja no colabora.

En política esto se traduce porque “los otros siempre son los responsables de las desdichas”. Un ejemplo claro lo hemos tenido con la crisis económica: la oposición decía que el culpable era el gobierno y éste que el origen estaba en EE.UU. ¡Siempre  echando balones fuera!

Estilo histérico

El histérico es una persona excesivamente preocupada por llamar la atención y ser el centro de cualquier situación. Son superficiales, inestables emocionalmente y se dejan influenciar por cualquier persona. Además son muy seductores, pero difícilmente se implican emocionalmente. Buscan la admiración de los demás, pero huyen de todo compromiso.

Al “político histérico” le gusta figurar y ser el centro de atención, pero también su eficacia es nula. Actúa en función de las apariencias, de lo que dice la gente y su punto de apoyo no son sus convicciones sino todo aquello que le puede hacer más agradable a los demás.

Estilo psicopático

Son personas que siempre están en conflicto con los otros y parece como si no tuvieran afecto y nada les importara los demás. Todo ello se basa en dos presupuestos básicos de este tipo de personas: se sienten distintos a los demás y su relación con los otros es de explotador.

Una forma de entender de esta forma la política está representada por los corruptos y estafadores, ya que lo importante para ellos no es el bien común sino su propio provecho. Ponen en práctica la ley del embudo: pueden ser muy exigentes en el cumplimiento de las leyes por los demás, pero ellos pasan completamente de las mismas. Ha llegado a la política para servirse de su posición, no para servir a los ciudadanos.

Estilo Narcisista

Clínicamente se caracteriza porque, pese a su “enorme autoestima”, es muy vulnerable a cualquier pequeño desaire o rechazo, respondiendo con fuertes sentimientos de ofensa o enfado. En las relaciones interpersonales, con frecuencia, se muestran bastantes distantes y tratan de mantener una impresión de autosuficiencia, y de utilizar a los demás para sus propios fines. Son personas que se consideran superiores a los demás en belleza, talento, capacidad intelectual, etc., y solamente se encuentran bien cuando son admirados y valorados por los demás. Su felicidad, pues, depende de la manifestación de aprecio y estima que los otros expresen.

El “político narcisista” parte del convencimiento de que es el mejor del mundo y por lo tanto todo debe estar a su servicio. Carece  de un mínimo de autocrítica poniéndose una “venda para no ver” las deficiencias y potenciando los pequeños éxitos. Se siente “el ombligo el mundo” y por lo tanto todos deben de estar a su servicio. Es tan autosuficiente que es incapaz de comprender el sufrimiento de los demás.

El Político       

El buen político puede tener cualquiera de los estilos de comportamientos que hemos descrito, siempre y cuando ninguno de ellos esté hipertrofiado y sea tan notorio que se convierta en el motor exclusivo de la conducta del sujeto. Lo patológico no es tener algunos de esos estilos de comportamiento sino cuando alguno de ellos se convierte en el centro e impulsor de la conducta del político, pues es entonces cuando la personalidad puede pervertir cualquier acción política. Ser paranoide, narcisista, histriónico e incluso psicopático, dentro de un orden, no es impedimento para ser un buen político… o no debería serlo.

Todavía no hay comentarios

Esperamos el tuyo